¿Hemos logrado los medios de comunicación hacer ver a nuestro público el valor que tiene la información que reciben? La respuesta es: ¡No! Los países en donde las personas están más dispuestas a pagar por la información que reciben son también los que tienen mayores niveles de desarrollo. Estar informado es pues, un lujo. Sin embargo, como bien dicen: cuando algo es gratis, el producto eres tú; y el periodismo difícilmente escapa de esta premisa. Hacer un mea culpa desde los medios y el periodismo resulta más que relevante en los tiempos que corren. Un presidente que señala a la prensa como enemigo, lo mismo Trump que López Obrador, nos deja dos caminos: el de la víctima o el de repensarnos y preguntarnos qué estamos haciendo mal y qué podemos hacer mejor.

La historia de la prensa en México y en muchos otros países está íntimamente ligada al de los intereses políticos; su origen y fundación se explica dentro de los partidos y la necesidad de comunicar su mensaje para mantener el poder. Aunque hoy, el abanico informativo es mucho más amplio, llegar a la verdad requiere de un ejercicio minucioso para separar la paja del trigo. La paja puede ser desde los intereses perversos hasta los descuidos o falta de rigor del periodista. Para hacer de este ejercicio uno exitoso se necesita también de lectores críticos, lo que se antoja más complicado dado los pobres niveles de comprensión lectora con los que contamos. Así pues, el periodismo requiere ser también un acto pedagógico. Si la información no le sirve al lector para tomar mejores decisiones, para comprender su entorno, para formarse una opinión propia, entonces la información no sirve, o está sirviendo a alguien más.

En la era de la posverdad, en la época en la que las noticias falsas tienen mayor circulación que las verdaderas (pues son generalmente más interesantes), en los tiempos en los que leemos más pero entendemos menos, a la luz de la inmediatez es urgente que hagamos ver por qué nuestro trabajo es importante.

Un presidente enojado con la prensa no debería ser más que un símbolo de la sana separación entre ambos. Lamentablemente el discurso se da en el país que este año ha sido calificado como el más peligroso y mortífero para ejercer el periodismo. El mayor número de agresiones documentadas hacia los y las periodistas vienen de quienes se encuentran en el poder. Si el discurso alienta un mayor número de agresiones, como ya está sucediendo, perdemos todos, bueno, casi todos, sólo es cuestión de ver las encuestas de popularidad.

La pregunta de hoy parece sencilla: ¿qué debemos mejorar?

Pamela Cerdeira

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana

Columna invitada

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana. Conduce el programa "A Todo Terreno" en MVS Radio. Ha escrito para diversas publicaciones y trabajado en distintos espacios en radio y televisión.

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