Continúo con el artículo de hace dos semanas respecto del renacimiento nuclear para generar electricidad. No hay solución perfecta para generar electricidad; la eficiencia energética es la mejor opción, pero después de ésta habrá que consumir electricidad.

La pregunta es: ¿cuál es la mejor opción para que el suministro sea constante, de calidad, tan económico como sea posible, y, ahora en los tiempos del cambio climático, que aporte lo menos posible a incrementarlo?

La ciencia abrumadoramente coincide en que la reacción nuclear cumple con estas características. Pero hay porciones de la sociedad que opinarían lo contrario.

El disenso informado ya no hace de los desafortunados eventos de fallas en instalaciones nucleares un obstáculo o una razón por la que se debiera impedir la expansión de las nucleoeléctricas. Ha quedado claro que Chernobyl no fue un accidente, sino una consecuencia de ingeniería pobre y todavía peores prácticas operativas. Algo así sencillamente ya no sucederá, la supervisión internacional sobre los reactores anticipa que los márgenes de seguridad y la nueva ingeniería hacen altamente improbable cualquier desaveniencia.

El accidente de la planta de Three Mile Island no causó ninguna muerte. La planta continúa generando 804 Megawatts y tiene una licencia de operación vigente hasta el año 2034.

Tampoco es pretexto la emisión radiactiva a las comunidades aledañas a las plantas. Las mediciones indican que no existen ni siquiera al nivel de lo que sucedería a las personas que trabajan fuera de un gabinete radiológico médico.

En general, los críticos de la opción nuclear se enfocan en el descontrol administrativo en la construcción, los sobrecostos respecto de los estimados previos y los retrasos en las fechas de entrega de las plantas. Otra línea argumentativa discute que la opción nuclear sí produce contaminación al medio ambiente durante la construcción, y la operación y mantenimiento, por la producción minera asociada a la extracción de minerales radiactivables para ser usados como combustibles o por la manufactura metalmecánica de los elementos para construirla. Finalmente, la línea más sólida trata sobre la disposición de los desechos del combustible nuclear.

Sin embargo, la administración de la construcción ha progresado y los mecanismos para distribuir el riesgo del costo y la fecha de entrega han logrado mejor control en estas variables. La experiencia así lo demuestra.

Argumentar que las nucleoeléctricas sí contribuyen al cambio climático por los procesos productivos para suministrarles combustible o para construirlas es maniqueo. Todas las plantas generadoras de electricidad que usan combustibles tendrían que ser juzgadas bajo la misma lógica. Y sobre sus efectos adversos al ser construidas no puede apuntarse el dedo solamente hacia las nucleoeléctricas, ya que cualquier otra también debería ser juzgada con el mismo rasero. Esto con las renovables incluidas, y en el caso de las hidroeléctricas el efecto al medio ambiente podría ser aún peor.

No es controvertible que no hay todavía una solución definitiva para la disposición de los desechos nucleares, pero hay que argumentar que aunque sea cierto, la magnitud del problema es menor a lo que se quiere aparentar.

El mecanismo actual no es perfecto, pero tampoco es una fuente de conflicto o una dificultad mayor. ¿Hay alguien de quienes leen este artículo que sepa de, o haya tenido alguna dificultad o problema con cómo Laguna Verde se encarga de esta situación?

Además, sólo las nucleoeléctricas son evaluadas financiera y regulatoriamente por cómo tratan sus desperdicios y cómo son desinstaladas al final de su vida útil. El equivalente a los desechos del combustible utilizado por las nucleoeléctricas son las emisiones contaminantes de todas las demás termoeléctricas. Y en realidad las emisiones de las plantas que queman hidrocarburos, aun dentro de las normas legales, simplemente son vertidos al medio ambiente y respirados por todos nosotros, tarde o temprano.

* Presidente de la Fundación México Necesita Ingenieros