Los presupuestos del Estado incluyen previsiones macroeconómicas conservadoras. En escenarios con un mayor crecimiento e inflación de lo previsto, el gasto como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) podría caer más de lo que se prevé. Como siempre, la incertidumbre se encuentra alrededor de la recaudación. Las medidas tomadas en años anteriores esconden que la recaudación del Impuesto de Sociedades es históricamente volátil y procíclica, por lo que aunque las previsiones del Estado parecen algo optimistas, no se encuentran fuera de lo probable.

En las previsiones de los Presupuestos Generales del Estado, el gobierno juega con ventaja, ya que los presupuestos incluyen previsiones muy conservadoras, tanto de crecimiento como de inflación. Los datos de esta semana de afiliación a la Seguridad Social hacen más probable que la variación real del PIB termine siendo de 3.0% en el 2017, medio punto por encima de lo previsto en los presupuestos del Estado.

Asimismo, los precios de los productos domésticos probablemente se incrementarán otro medio punto más de lo anunciado, es decir, las cuentas presentadas están hechas con un crecimiento del PIB nominal, un punto inferior de lo que probablemente se observará. Este factor hará más fácil alcanzar los objetivos de gasto en porcentaje del PIB. Dicho de otra manera, si el conjunto de las administraciones públicas cumplen el presupuesto, una variación del denominador 1 punto porcentual (pp) superior a la prevista hará que el gasto como porcentaje del PIB sea 0.4 pp inferior a lo previsto a finales del 2017.

Esto otorga un espacio de maniobra en caso de que los ingresos no se comporten en línea con lo esperado. A diferencia de los gastos, la mayor parte de ellos independientes del ciclo económico, la recaudación lleva implícita más incertidumbre. En todo caso, aquí también hay algunas cosas a tomar en cuenta. Por ejemplo, este año, las medidas implementadas deberían aumentar los ingresos públicos, no disminuirlos como en el 2015 y el 2016. En particular, se estima que las políticas realizadas durante los últimos dos años habrían reducido estructuralmente la recaudación de la imposición directa (IRPF, Sociedades) en 2.5 pp del PIB. De hecho, de no haberse producido esto, se calcula que el pago de impuestos relacionado con estas figuras impositivas habría aumentado 1.5 pp del PIB en los dos años, lo que junto con el esfuerzo realizado en el gasto habría sido suficiente para alcanzar la meta de déficit en el 2016.

Hacia este año, dos factores harán que los ingresos aumenten. Por un lado, la eliminación de deducciones en el impuesto de Sociedades anunciadas a finales del año pasado. Por otro, la recuperación de la economía y, nuevamente, las conservadoras previsiones macroeconómicas. Históricamente, la respuesta de la recaudación ha sido más que proporcional al aumento del PIB nominal. Para que la previsión de ingresos relacionados con el impuesto de Sociedades del Gobierno se cumpliera, debería primero, darse el escenario de mayor crecimiento e inflación arriba descrito. Segundo, por cada punto de crecimiento en el PIB nominal, la recaudación debería aumentar 2.5 por ciento. Aunque algo optimista, parece creíble, dada la elevada volatilidad y prociclicidad que ha mostrado este ítem de los ingresos públicos.

El resto de previsiones sobre la recaudación en otros impuestos, como los relacionados al Impuesto al Valor Agregado o al Impuesto sobre la Renta de las personas físicas, requieren una sensibilidad al ciclo económico menor: por cada aumento de 1% en el PIB nominal, y asumiendo nuevamente que el escenario más probable es el de mayor crecimiento e inflación, los ingresos públicos deberían aumentar entre 1.5 y 2.0 por ciento. Nuevamente, estos valores se encuentran en el parte optimista del rango encontrado en las estimaciones disponibles hechas por organismos como la OCDE o la Comisión Europea, pero son creíbles.

Como se ha observado en el pasado, la recaudación puede dar sorpresas y no es recomendable depender demasiado en ella para cumplir metas de déficit. Esto implica que para asegurar la necesaria reducción del desequilibrio de las cuentas públicas será necesario, una vez más, un seguimiento estricto de los objetivos de gasto. De cumplirse las previsiones de crecimiento e inflación, esto ya daría margen para cubrir posibles desviaciones sobre las previsiones de recaudación. Hacia delante, es necesaria una reforma de las figuras impositivas que promueva una mayor eficiencia y el cambio de modelo productivo. Más aún, la mejor forma de reducir el déficit sería a través de una agenda de reformas ambiciosa que disminuyera la tasa de paro estructural.

*BBVA Research