A menudo se escucha la patraña de no llamar a “politizar” la pandemia del Covid-19. El llamado lo hacen generalmente los que están manejando (políticamente) desde el gobierno el asunto y lo hacen procurando evitar el mayor daño posible. La enfermedad no es un asunto político, pero su manejo sí que lo es.

Admitirlo no tiene nada de malo ni de bueno, es un hecho. Un buen manejo político de la pandemia, sumado a una alta credibilidad entre los gobernantes puede tener grandes ventajas. Cuando hablo de manejo político de la pandemia no me refiero a declaraciones grandilocuentes del tipo de “hemos domado a …” o la de Trump: "el coronavirus muere con el calor". Me refiero a las decisiones de política para detener y minimizar el impacto de la enfermedad y sus secuelas económicas. Igualmente, cuando me refiero a credibilidad no hablo de gobernantes que hayan sido electos con un buen número de votos. Por ejemplo, los gobernantes de China pueden no ser democráticos, pero, según Byung –Chul Han, los habitantes de aquel país saben de su capacidad, aunque esta sea autoritaria. 

La Organización Mundial de la Salud recomendó hacer pruebas y más pruebas. Los países que siguieron este consejo, como Alemania y Corea del Sur, lograron tener un panorama más amplio de la situación y esto les ayudó a instaurar medidas concretas y bien encaminadas. Es decir, tiros de precisión. En México, el doctor López Gatell dijo esta semana: “hacer pruebas para detectar el coronavirus o Covid-19 a todo un país es inútil, costoso e inviable”. Por cierto, nadie esperaba que se hicieran las pruebas a 130 millones de mexicanos, pero tampoco que fuéramos el último país de la OCDE con 0.4 pruebas por cada 1,000 habitantes, con datos de finales de abril.  En concreto: no sabemos dónde estamos parados. 

Hay países cuya geografía los ha ayudado, por ejemplo, las islas: Japón, Islandia, Nueva Zelanda y Australia que lograron controlar el avance del virus. Sin embargo, Gran Bretaña, está entre las naciones más afectadas. Ahí se combinaron malas decisiones políticas y baja credibilidad de los gobernantes. La geografía ayuda, pero no lo es todo.  

Otro factor que cuenta es el estado que guardaban los servicios de salud antes de la pandemia. Hay algunos que estaban mal y otros peor, pero ninguno estaba preparado para afrontar un desafío como el que se presentó (ni los que vienen). Los servicios de salud estaban descuidados en todas partes, eran insuficientes o destinados a una élite. En México, los sistemas de salud eran insuficientes y faltos de mantenimiento. No era un secreto y el presidente López Obrador lo dijo una y otra vez (lo sigue diciendo), pero no se preparó más que en el discurso. Por ejemplo, en el caso del cáncer se han dado crisis de falta de medicamentos en agosto de 2019, en enero y febrero de este año y ahora en mayo. En otras enfermedades como VIH-SIDA o diabetes también se han presentado insuficiencias. 

Un elemento más que se ha presentado es el del exceso de información. Medios, redes, expertos, falsos expertos y políticos bombardean a la población mundial. Byung-Chul Han llama a este fenómeno: el exceso de positividad. Estamos abiertos a recibir todo, pero no siempre tenemos la capacidad de procesar y seleccionar el material útil. Aquí es donde entra en acción la política y la credibilidad. En Alemania, Islandia, Nueva Zelanda y otros se combinaron adecuadamente los dos factores. ¿En México se combinan adecuadamente? Los detractores del gobierno dirán que no y los apoyadores dirán que sí. Las encuestas conocidas muestran que la mayoría de la población cree que el gobierno está actuando correctamente, pero sus números van a la baja mientras el número de contagios y muertos crece. 

Y crecen también las contradicciones. Varios gobernadores no están de acuerdo ni con las políticas seguidas por el gobierno federal ni con sus diagnósticos. No se crea que sucede esto solamente con los gobernantes opositores. Al menos la jefa de Gobierno parece seguir una política distinta a la de AMLO-Gatell. Esta misma semana, por ejemplo, el presidente señaló que en el Valle de México los contagios habían llegado a una meseta y que la demanda de camas de hospital había bajado. Menos de dos horas después, C. Sheinbaum dijo que la demanda de camas había aumentado y que la tendencia de contagios no estaba decreciendo. Estos mensajes contradictorios no son raros. 

Pero hay un misterio mayor: los mensajes de AMLO suelen ser desenfadados, contradictorios y hasta irresponsables. El manejo político de la pandemia ha sido deplorable. Entonces, ¿por qué conserva la credibilidad de la mayoría de los ciudadanos?