La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha hecho una advertencia muy clara: una de las mayores amenazas a la seguridad y a la prosperidad es la desigualdad. Por eso, los países deben, de manera simultánea, estimular el crecimiento económico y generar políticas que reduzcan de manera considerable la brecha de ingresos.

La desigualdad no se elimina de manera automática, requiere de un esfuerzo coordinado y estratégico tanto de la sociedad civil organizada como del gobierno, cada uno haciendo su parte. De acuerdo con lo que recomienda la OCDE, es posible aumentar el PIB y al mismo tiempo reducir la desigualdad del ingreso. Al gobierno le corresponde aprobar reformas profundas tanto en el mercado laboral, para hacerlo más flexible, como en los impuestos para reducirlos y ampliar la base recaudatoria. Todo esto, sin excluir la pieza clave del rompecabezas: mejorar considerablemente la calidad de la educación.

A principios de enero, el secretario general, Ángel Gurría, dijo en nuestro país que México debe tener una agenda nacional mínima para crecer a mayores tasas y crear los empleos que son necesarios. Quizás muchos se pregunten: ¿A quién le corresponde hacer esa agenda?

En esta ocasión la construcción de la agenda corresponde, precisamente, a la sociedad civil organizada. Somos los ciudadanos quienes tenemos que tomar la iniciativa de crear una agenda de libertad y corresponsabilidad, pues es una realidad que hoy seguimos estando al margen de las decisiones más importantes. La agenda se mantiene cautiva en manos de los partidos políticos. Cuando escuchamos los diagnósticos que ya conocemos y las soluciones que se repiten de manera casi automática, la pregunta es ¿hasta cuándo los ciudadanos permaneceremos indiferentes y empezaremos a exigir que los legisladores aprueben tan anunciadas reformas?

Mario López Roldán ha dicho con mucha certeza: ¿Quién puede creer que de verdad es rico, rodeado de 50 millones de pobres? La discriminación es nuestro gran fantasma. Su capa maldita da mala sombra a nuestra sinceridad. Tenemos que empezar a ser sinceros y reconocer la parte que nos corresponde como ciudadanos. Este año tenemos que demostrarnos capaces de construir esa agenda de libertad y corresponsabilidad no sólo para crecer a tasas mayores, sino para saldar la deuda que los mexicanos tenemos con nosotros mismos: la desigualdad. Si no, las soluciones superficiales seguirán siendo espejismos.

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