A pesar de la manifiesta y bochornosa resignación ante el drama que denotaron las palabras del ministro (español) Ábalos cuando afirmó ante la interpelación de Cayetana Álvarez de Toledo “eso que a usted le alarma de la pobreza, lamentablemente es crónico en América Latina”, hay millones de españoles a los que sí nos importa, y mucho, el sufrimiento de los ciudadanos venezolanos privados, por la dictadura bolivariana de Maduro, de pan, agua, alimentos básicos, medicinas, electricidad... y de libertad. Nos importa y no lo consideramos inevitable ni una maldición divina; nos importa y señalamos al sátrapa Maduro como responsable de esa situación humanamente insostenible.

A pesar de las manifestaciones de la vicepresidenta del gobierno Carmen Calvo, que afirmó que “Venezuela no le importa a nadie” y que denunciar la violación de los derechos humanos en ese país es un “combate inútil” promovido por la derecha, hay millones de españoles que consideramos que defender los derechos humanos frente aquellos que los vulneran no es una cuestión ideológica ni utilitarista, sino una exigencia democrática irrenunciable.

A pesar de que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias traten de degradar la condición del presidente encargado a Juan Guaidó y sólo le reconozcan como “líder de la oposición”, hay millones de españoles que seguimos respetando las resoluciones de Naciones Unidas y de la Unión Europea y queremos mostrar a los venezolanos, a través de Guaidó, el respeto que merecen.

A pesar de que el gobierno permitiese que entrara en España el avión en el que viajaba Delcy Rodríguez, la funcionaria de Maduro que tiene prohibida la entrada en Europa por ser responsable de graves atentados contra los derechos humanos en su país, hay millones de españoles que estamos alineados con las instituciones europeas y rechazamos la complicidad del gobierno de Sánchez con el gobierno narcodictador de Venezuela.

A pesar de que el socio principal del gobierno de Sánchez es el bolivariano Iglesias, representante en España del sátrapa Maduro, hay millones de españoles que no estamos dispuestos a blanquear la dictadura bolivariana de Venezuela y que deploramos el trato de favor que concede nuestro gobierno a un dictador y a un régimen que está llevando al fracaso a su país y al sufrimiento, la emigración forzosa, la pobreza y la muerte a centenares de miles de venezolanos.

A pesar de que el expresidente Rodríguez Zapatero está actuando como representante en el mundo de la dictadura de Maduro, hay millones de españoles que rechazamos su impostura y su falta de empatía humana con los hombres, ancianos, mujeres y niños venezolanos que sufren hambre, persecución y cárcel a manos de quien le paga sus viajes y gestiones de blanqueo.

A mi me importa lo que está ocurriendo en Venezuela. Me importa el sufrimiento de las personas atrapadas en ese maravilloso país, me importa el éxodo de quienes no pueden vivir más en esas condiciones de pobreza y sin expectativa de vida; me importa que millones de ciudadanos rebusquen cada día en la basura para llevarse algo a la boca; me importa que millones de venezolanos no tengan alimentos ni medicinas de las más básicas... Me importa y me duele, como me duele y me importa que esas mismas situaciones de pobreza y exclusión se produzcan en nuestras propias ciudades, al lado mismo de nuestra casa. Y me avergüenza que al gobierno de mi país ni le importe ni le duela el sufrimiento de ningún ciudadano —nacional o extranjero— salvo que pueda comerciar con él. Estos socialistas han perdido hasta la piedad; y eso también me duele y también me importa.