Pemex requiere incrementar sus reservas y fortalecer su capacidad productiva, pero al mismo tiempo debe bajar costos y erradicar la corrupción. ¿Podrá con todo?

Si le va mal a Pemex, le irá mal a México. Ésa es una de las implicaciones del veredicto que Moody’s emite sobre la mayor empresa de México. A la calificadora le preocupa tener respuestas claras: ¿cuánto dinero necesitará?, ¿de dónde saldrán los recursos? y ¿cuánto pondrá el Gobierno mexicano?

No hay respuestas a la mano. Por eso Moody’s saca la tarjeta amarilla a Pemex. Podría degradar la calificación de la deuda de la petrolera y de paso abollar la calificación del Gobierno federal. La calificadora le recuerda al Gobierno una verdad incómoda: hay una relación simbiótica entre la salud de Pemex y la del Gobierno federal. Si Pemex no sale avante de su reestructura, habrá afectaciones significativas a las finanzas públicas. Esto, a pesar de que una de las grandes historias económicas de este sexenio ha sido la pérdida de peso del petróleo en las finanzas públicas: los ingresos petroleros pasaron de ser casi 40% de los ingresos del Gobierno a menos de 17 por ciento.

Para reducir la incertidumbre, es muy importante que Pemex dé a conocer su plan de negocios. ¿De qué tamaño quedará la empresa después de su reestructura? ¿Qué negocios conservará y cuáles venderá? ¿Cuánto invertirá para recuperar su producción? ¿Con quién se asociará? ¿Cómo responderá a la competencia, después de tantos años de ser monopolio?

El plan de negocios deberá darse a conocer el mes próximo, pero muchas de las dudas sobre Pemex no podrán despejarse con ese documento. Mucho depende de lo que haga el director general de la empresa, José Antonio González Anaya, y su equipo, pero mucho depende de variables que están fuera de su esfera de acción. Por ejemplo, el precio internacional del petróleo y las decisiones de la OPEP y otros productores relevantes.

En el ámbito interno, Pemex podría ser afectada por cosas que ocurran en el campo de la política. Estamos en la recta final del cuarto año del sexenio y la política pesará cada vez más en esta empresa sui generis. Ha dejado de ser paraestatal, pero todavía le queda por delante el reto de navegar en las aguas turbulentas de un final de sexenio y las campañas electorales. De lo que ocurra en la política dependerá, entre otras cosas, la fuerza que tenga González Anaya para implementar su plan de cambios.

La advertencia de Moody’s complica las cosas para el director de Pemex. Una rebaja más en la calificación y los bonos de Pemex quedarían en ese purgatorio de las emisiones que se llama grado especulativo. Ahora se encuentra en Baa3 , es el último escalón dentro de la categoría de grado de inversión. La degradación implicaría un incremento significativo en sus costos financieros. Eso sería muy delicado para una empresa que requiere 20,000 millones de dólares en el futuro próximo.

No soy yo, eres tú, podría decirle Moody’s a Pemex. La empresa lleva 11 años registrando caída en su producción. ¿Podrá detener la caída de la producción o evitar que se agudice? A todos nos gustaría conocer más detalles sobre las asociaciones o farmouts, entre otras cosas, porque González Anaya ha reconocido que el futuro de la empresa está en las alianzas. González Anaya es muy inteligente y tiene fama de honesto, pero la tarea que enfrenta es fenomenal: curar a un gigante herido. Pemex requiere incrementar sus reservas y fortalecer su capacidad productiva, pero al mismo tiempo debe bajar costos y erradicar la corrupción. ¿Podrá con todo?

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