Apenas el jueves de la semana pasada veíamos a la Selección de Futbol de México como una nueva promesa, candidata a llegar muy lejos en el campeonato de Sudáfrica. Este martes regresamos, en 90 minutos, a la percepción habitual de que el Tri es un equipo de media tabla nomás.

Y todo ese optimismo que nos inundó por varios días se ha convertido en un convencimiento absoluto de que el domingo se acaba la historia mundialista de este año. Es el sentimiento, adelantado, de que otra vez nos quedamos en el ya merito .

Hay la derrota anticipada en el sentimiento colectivo, porque el siguiente rival es un hombre al que los jugadores mexicanos se van a pelear por pedirle la camiseta al final del juego: Lionel Messi.

Y este hombre va acompañado de otros 11 argentinos que se van a plantar en la cancha a llegar adonde están acostumbrados, hasta las fases finales.

Y, sí, dije bien 11 más. Porque además de Messi y sus restantes 10 compañeros en la cancha, en la banca estará parado y pegando brincos un director técnico que seguro que no olvida cómo el Estadio Azteca ofrecía una rechifla al momento del himno argentino durante el Mundial de 1996.

Diego Armando Maradona está entusiasmado de tener a México enfrente como rival, porque se sabe con la capacidad de aplicar la misma dosis de siempre: los goles de la victoria. Y del lado mexicano, hay la certeza de que todo se acaba el domingo.

Cuál puede ser entonces la conclusión tras el resultado positivo frente a Francia y la derrota frente a Uruguay. Simplemente que nosotros no somos buenos. Sino más bien el equipo galo es peor. Sudáfrica se encargó de probar eso.

Ésa es una comparación válida para el proceso de recuperación de la economía mexicana. No es que México sea bueno al momento de impulsar su crecimiento, más bien somos muy malos en incentivarlo. Lo que ocurre es que los de afuera son los buenos y, por lo tanto, nos jalan.

Hay que ver en los componentes económicos de la oferta y demanda agregadas, dónde están los motores que tienen a México con un pronóstico de crecimiento cercano a 5 por ciento.

En la parte de la demanda agregada al cierre del primer trimestre muestra un incremento de 7.6 por ciento. Un dato alentador para un país en recuperación.

Pero al ver que la inversión muestra un crecimiento negativo de 1.2%, el consumo de gobierno creció apenas 0.5% y el consumo privado en sólo 2.5 por ciento. Queda un único componente que explique tal dinamismo y por ello hay que dar gracias al mundo, principalmente a Estados Unidos.

Efectivamente, las exportaciones que en ese primer trimestre crecieron 23.6% son el gran motor de la recuperación económica.

En la oferta agregada ocurre lo mismo, las importaciones son el número más destacado, en especial el aumento de bienes intermedios. Ésos que son indispensables para las manufacturas de exportación.

Entonces, la recuperación económica está dando un buen partido, porque los mercados externos nos han puesto buenos pases a gol. Porque la calificación de la selección nacional de políticas de crecimiento sigue en la misma media tabla de costumbre.

Y así como la máxima aspiración del Tri era llegar al cuarto partido, así la esperanza de la economía mexicana es mantenerse en ese mediocre promedio de crecimiento de 3% del Producto Interno Bruto.

La primera piedra

Es una cifra que nunca habíamos visto en México. Era un anhelo de la autoridad monetaria, porque era indispensable para la nueva política de estabilidad que se han fijado para el país.

¿Cuánto cuesta un seguro contra turbulencias financieras en estos tiempos?

Seguro que mucho más que los 100,096 millones de dólares que registraron el viernes pasado las reservas internacionales del Banco de México. Pero tener esa cantidad da un respiro a los que creen que se puede detener un embate especulativo con una barrera de dólares.

Con la crisis del 2008 aprendimos que no hay que dejar por sentado nada.

Que el tipo de cambio se puede afectar desde el corazón de las empresas mexicanas que juegan con instrumentos como los derivados.

Y que un buen monto de reservas hace al menos que se tenga una mejor manera de responder y reaccionar ante las múltiples caras que tiene un episodio de crisis financiera.