A un año de la elección presidencial no hay nada que celebrar y sí hay mucho que lamentar. Fuimos decenas de miles los que advertimos que nada bueno podía esperarse de quien ha hecho del resentimiento y el rencor su principal motor para engañar, mentir, manipular, polarizar y desviar el rumbo de un país en el que no todo está mal.

Fue la suma acumulada de un sistema que, si bien ha generado desarrollo y prosperidad en varias regiones del país, no lo ha hecho para una gran mayoría. Un sistema que ha favorecido a quienes gobiernan y a sus amigos, que ha perpetuado la pobreza con fines clientelares y electorales de manera perversa y que ha multiplicado la violencia lastimando profundamente el tejido social.

López Obrador se aprovechó para ganar y empeorar la realidad en muy poco tiempo. Todas las promesas se desvanecieron cuando, para muchos sorprendidos, el poder absoluto reveló lo que siempre ha sido y, para otros, solamente confirmó lo que ya nos era evidente.

Como muestra de su completa desconexión con la realidad, indiferente al dolor y al sufrimiento que generan sus decisiones equivocadas, y siempre poniendo su ego por delante, el presidente quiso “celebrar”, demostrando que no sólo tiene otros datos, sino que vive en otra realidad.

Contra muchas de las mentiras que recita en cada mañanera, la realidad del país, muy dura. Miles de mexicanos padecen los recortes en salud y educación, el pronóstico de crecimiento sigue a la baja. Desplomaron la creación de empleo formal, despidieron a miles de funcionarios públicos, quitaron apoyos a científicos, deportistas, al arte y la cultura. Dejaron a mujeres maltratadas sin albergues, a niños sin estancias infantiles y sin comedores.

Han disparado la violencia, siendo cada mes más violento que el anterior. Están militarizando el país. No bajó la gasolina, no detuvieron a líderes huachicoleros ni a ningún delincuente, al contrario, los han invitado a estar en los grupos de poder y a tener más control como aquellos que se hacen llamar “maestros”.

Canceló un aeropuerto que generaría enormes oportunidades y beneficios para México. Canceló la reforma educativa y desapareció a las instituciones encargadas de promover el emprendimiento, el comercio y el turismo. Por su culpa, hoy México está ausente de importantes eventos internacionales.

La locura de vivir en otra realidad lleva a contradicciones como prometer un crecimiento de 4% y después decir que “no sólo es crecer por crecer, sino cómo se distribuye el ingreso, porque una cosa es crecimiento y otra es desarrollo”.

No entiende que sin crecimiento no habrá nada que distribuir ni tampoco desarrollo. Tener un presidente que vive en otra realidad le está costando más sangre, sudor y lágrimas a México.

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.