A las niñas y mujeres desaparecidas en el país “no se las traga la tierra”, recordó Rita Canto el 27 de abril, a un año de la desaparición de Mariela Vanessa Díaz Valverde, ocurrida en la delegación Iztapalapa de la Ciudad de México en el 2018. Las autoridades lo saben. En vez de buscarlas, quieren hacer creer que se fueron solas, por su propia cuenta, y las dejan meses en calidad de “ausentes” o “extraviadas”. ¿Quién gana con eso?

Familiares y el grupo interuniversitario de acompañamiento sororal que sigue el caso de la estudiante de Filosofía y Letras de la UNAM exigieron en un foro verdad, justicia, y búsqueda con presunción de vida. También denunciaron las múltiples fallas en que han incurrido las autoridades, en particular las omisiones de la PGJ capitalina, los huecos en la información acerca del delito de desaparición, forzada o no, y las limitaciones para entender la violencia contra las mujeres en la capital y en el país porque no se analiza el contexto ni la multicausalidad de ésta, ni se da seguimiento a los casos.

En lo que se refiere a las omisiones, el ser “ciudad garantista” no asegura mayor seguridad ni debido proceso a las capitalinas. Cuando la familia de Mariela Vanessa denunció su desaparición, les dijeron, según contó su hermana, que si su celular daba tono “todo estaba bien”. Para no abrir un expediente por desaparición, la PGJ presentó un perfil psicológico según el cual ella se habría ido por problemas familiares y económicos. También expuso que no había cámaras, cuando cerca del posible lugar de los hechos había dos, y se negó a reconocer la coadyuvancia del grupo de acompañamiento porque es independiente. Sólo reconoció a Mariela en calidad de “desaparecida” el 25 de julio.

Como explicó la abogada Socorro Damián, el grupo y la familia tuvieron que demandar que se abrieran líneas de investigación ligadas a delitos, en particular desaparición forzada o por coacción, y han exigido una investigación con perspectiva de género y con presunción de vida, lo que es esencial para no perder horas y días preciosos para la búsqueda. Pese a ello, no hay avances. La fiscalía no aplica el análisis de contexto en ningún caso, ni la ley general de desaparición forzada ni convenciones internacionales sobre desaparición. Las autoridades siguen ignorando las recomendaciones de la CEDAW, en particular la de simplificar la Alerta Amber y aplicar en todo el país el Protocolo Alba, en que se da seguimiento a todo el caso. Así, al de Mariela “se han sumado más nombres”, pues en Iztapalapa, y en su colonia, “hay muchas desaparecidas” y este delito ha aumentado en la Zona Metropolitana.

Aunque no hay datos oficiales desglosados por factores de desaparición, no se puede seguir ignorando que la desaparición de niñas y mujeres es “una emergencia nacional” y que no se da sólo donde reina el crimen organizado. Según información obtenida para el 2018 por el grupo de investigación #EstuvimosVivasHastaQueNosMataron, en la capital, las niñas de cero a 17 años son las que más desaparecen, no los niños del mismo rango. De 18 años en adelante, desaparecen casi tres veces más hombres que mujeres. Éstas están más expuestas al feminicidio entre los 21 y 30 años, y a la violencia de pareja entre 31 y 40. Por otro lado, la académica Emanuela Borzacchiello dice que hay que analizar cómo la capital “refleja lo que pasa en el Estado de México” en términos de violencia de género, pues en ambos, por ejemplo, se están dando casos de “desaparición intermitente”, por 72 horas, en que las víctimas regresan y no hablan del horror que vivieron, porque la violencia sexual sigue siendo fuente de estigma.

En otros casos, la desaparición culmina en feminicidio, en el mismo estado, lo que sugiere que las víctimas no siempre entran en redes de trata. ¿Cómo prevenir sin conocer el contexto?

El 2 de mayo, la PGJ pidió disculpas públicas a la familia de Lesvy Berlín por su negligencia. ¿Cuántas más tendría que pedir? Se requiere un debido proceso y justicia expedita.  ¿Para qué sirven las disculpas sin garantía de no repetición?

@luciamelp

Lucía Melgar

Crítica cultural

Transmutaciones

Es profesora de literatura y género y crítica cultural. Doctora en literatura hispanoamericana por la Universidad de Chicago (1996), con maestría en historia por la misma Universidad (1988) y licenciatura en ciencias sociales (ITAM, 1986).