A 27 vueltas de que concluya la Gran Carrera por el Gran Premio de México, lo que queda de un carro está afectando el tránsito de los demás corredores.

Ricky El Gallo Blanco, a quien Lopitos, El Molido Solitario se refiere cariñosamente como Ricky Riquín Canallín (o algo así), está muy enojado porque dice que el carro chocado a la orilla del camino nada más está estorbando y no vaya a ser que el gran publico desde lo lejos, allá desde la gradería, lo vaya a confundir con él y eso le resulta insolting an unacceptabol.

Dice que eso, francamente no está dispuesto a que suceda porque al final traen más o menos los mismos colores, que ruedan muy parecido, que el ruido del motor es similar y una sarta de argumentos con el objetivo de que quiten “¡¡¡al maldito carro del camino!!!”.

Todo mundo sabe que en realidad nunca se llevó con Chalecito Morado (el carrito en cuestión), y lo que quiere es eliminarlo de la competencia, aún cuando oficialmente ya no está en ella.

El asunto ha llegado ya a la oficina de Don Lencho Donelli. El jefe de carrera y sus consejeros han dicho que ya pasaron los tiempos para usar las grúas. Que el reglamento dice muy claro que carro que quede fuera de competencia pasado el primer tercio simplemente será orillado porque las grúas ya fueron entregadas a los contratistas proveedores.

El asunto está mas complicado de lo que aparenta. Todos saben que Chalecito Morado en realidad era azul y que esa máquina fue ensamblada en la misma fábrica donde ensamblaron al carro de Ricky El Gallo Blanco y todo mundo sabe que entre la línea de producción tuvieron sus diferencias y que por eso Chalecito optó competir sin el patrocinio de la armadora.

El problema es que Ricky la quiere de porrista y aprovechar en su favor el carisma del cual goza. Ella podría acercarles a orgullosos patrocinadores en estos momentos que más hacen falta los centavos.

El problema es que el corredor azul es muy rígido para eso del coqueteo, más cuando ha habido fuego amigo de por medio. Ya sabe, donde hubo incendio siempre brasitas quedan que con facilidad encienden.

Además, no se vaya a mal interpretar el asunto y lo vaya a tomar mal el suegro y le quite la dote. Recuerde usted que la joven pareja del corredor se le arrejuntó con todo y sus millones y hasta dicen que con eso fácil le alcanza para desterrarse a la comarca de la Coca Cola, si no gana la carrera.

Y mientras en eso se distrae el pollito, perdón, el Gallo Blanco, el que de plano agarró pa’l monte es Lopitos, mejor conocido como El Molido Solitario y ya viene de bajada. Primero caminó las carreteras donde no le fue bien a su carro y ahora va a donde aprendió a conducir y donde conoce caminos y veredas. ¡¡¡Agárrenlo que se les pela!!!

Mientras en la escuadra escarlata, el corredor Tony El Irlandés ya recordó que traía en al guantera un cómic que él mismo escribió para sus fanáticos. Hay quien dice que lo había titulado Tony El nuevo hombre araña de las carreras.

Cuenta la historia de un dedicado burocráta al que un día su jefe le hizo un encargo más:

-¿Cuál es mi siguiente misión Gran Jefe Copetón?

Aquel lo miró, lo tomó del hombro y le dijo: Tú, tú serás mi sucesor. Tu misión será correr esta carrera y levantar la copa que yo alcancé en el circuito anterior.

Diego Badillo

Editor de Los Políticos

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Periodista mexicano, originario de Amealco, Hidalgo. Editor del suplemento Los Políticos de El Economista. Estudié Sociología Política en la Universidad Autónoma Metropolitana. En tres ocasiones he ganado el Premio Nacional de Periodismo La Pluma de Plata que entrega el gobierno federal. También fui reconocido con el Premio Canadá a Voces que otorga la Comisión Canadiense de Turismo, así como otros que otorgan los gobiernos de Estados Unidos y Perú.