Esta orden de López Obrador debería de haber sido una ofensa, un insulto para cualquier legislador. Pero para los de Morena fue una dócil sumisión al autócrata. Como en los viejos tiempos del PRI, recibieron la iluminación mesiánica para saber cómo actuar. Un golpe más a la frágil democracia que el presidente se ha encargado de debilitar más. La aprobación de la iniciativa de reforma al sector eléctrico por las dos Cámaras pronto será promulgada como ley por el Ejecutivo, consumándose así la artera demolición del sector eléctrico. Contrario a la promesa presidencial de menores tarifas, esta reforma implicará energía más cara y sucia para los mexicanos, estancamiento de nuevas inversiones para el sector y un mercado sin competencia. Se ha estimado que la reforma tendrá un costo de 60 mil millones de pesos anuales. Todo por un capricho para favorecer intereses escondidos para producir energías a base de combustóleo y carbón. México va en sentido opuesto al mundo.

El presidente justifica esta reforma y otras medidas tomadas en el sector energético con el demagógico argumento de “recuperar la rectoría del Estado en PEMEX y la CFE”. Ese nacionalismo ramplón tiene un costo exorbitante para los mexicanos, pues PEMEX registró una pérdida en 2020 de 481,000 millones de pesos y la CFE de 79,000 mdp Es decir, la pérdida anual de ambas empresas fue de 560,000 mdp Para dimensionar este monto, significa que, en 2020, por minuto, el gobierno perdió 1 millón 65,449 de pesos. Sí, en el tiempo que usted leyó esta columna, el gobierno literalmente quemó casi tres millones de pesos.

La motivación de la reforma no es técnica sino –lamentablemente– política. Los argumentos técnicos y constitucionales para rechazar la reforma son contundentes y fueron expuestos a los oídos sordos de los senadores de Morena. Al sector privado le faltó mayor decisión para enfrentar al Ejecutivo. Asimismo, no pudo conectar con el público una narrativa sencilla y convincente para lograr un apoyo ciudadano. A la mayoría de la gente no le interesa que le hablen con tecnicismos. Lo que quiere es tener asegurado el suministro de energía eléctrica en su hogar sin apagones y que su recibo no registre mayores aumentos. Justo lo que esta reforma no hará.

Peor aún. La electricidad es un insumo universal para cualquier actividad económica. Como tal, la reforma producirá una presión inflacionaria transversal en la economía que padeceremos todos los mexicanos.

¿Qué sigue? Seguramente se promoverá ante la Suprema Corte una controversia de inconstitucionalidad. La oposición en el Senado sí cuenta con el número necesario de senadores para promoverla, pero en la Cámara Baja le falta un puñado de diputados. Asimismo, vendrán un alud de litigios, incluyendo solicitudes en el marco de paneles de controversia del T-MEC.

Como sociedad pagaremos las consecuencias de esta ley por lo que todos los partidos de oposición deberían adoptar para las campañas por iniciar, el lema de “no a la ley eléctrica, no a mayores costos de luz, no a mayor inflación”.

Twitter: @frubli

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

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