La economía mexicana, con los pocos datos con los que contamos en lo que va de este año, simplemente está estancada. Los índices coincidente y adelantado que estima el INEGI nos sitúan en un escenario recesivo. Las exportaciones en enero cayeron en todos los rubros, las ventas al menudeo reportadas por la ANTAD también cayeron y prácticamente no se crearon empleos formales permanentes, según reportó el IMSS. La economía simplemente no está jalando. Varios son los factores que explican este estancamiento.

Primero, la política tributaria extractiva que se aplica a partir de este año. El aumento de la carga impositiva redujo el ingreso familiar disponible, lo que aunado al incremento en los precios, derivado también de la propia reforma tributaria, provocó un menor poder adquisitivo del ingreso y redujo de manera drástica la confianza de los consumidores, lo que se refleja en la menor disposición para adquirir bienes de consumo duraderos. Segundo, la propia reforma tributaria desalineó los incentivos derivados del diseño tributario para una mayor inversión, tal como se reflejó en la caída en las importaciones de bienes de capital. Y, tercero, el crudo invierno que se ha experimentado en Estados Unidos afectó negativamente la actividad manufacturera, lo que redujo la demanda por nuestras exportaciones. Así, los tres principales componentes de la demanda agregada cayeron.

El cuarto componente de la demanda agregada, el gasto público, no ha aumentado para ser un elemento compensatorio, ya que aunque éste se ha incrementado, mucho del mismo es devengado, pero no pagado, es decir, el gobierno no está introduciendo recursos adicionales a la economía.

En este escenario, se percibe como imposible que la economía crezca 3.9%, aunque el gobierno insista en este pronóstico. Las encuestas realizadas entre analistas del sector privado, tanto por Banamex como por Banxico, dan un pronóstico de crecimiento de 3.2% y mucho de éste se explica porque la base de comparación respecto del 2013 es baja, dado que la economía sólo creció 1.06 por ciento.

El momento mexicano no llegará, en el mejor de los casos sino hasta el 2015 y mucho de ello depende de qué tan bien se legisle en materia de energía y de telecomunicaciones, y qué tan eficiente y eficaz resulte ser el gasto público, lo cual es como pedirle peras al olmo. Mientras, un año más de mediocridad.

AL MARGEN

1. Un aplauso al Ifetel por sus resoluciones al declarar como empresas preponderantes a Televisa, Telmex, Telcel, Grupo Financiero Inbursa y Grupo Carso. La regulación asimétrica a la que se ven obligados derivará en una mayor competencia en estos sectores, con un claro efecto positivo sobre el bienestar de los consumidores. Habrá que esperar la cascada de amparos que se vienen, aunque ya no puede haber una suspensión provisional.

2. Mal, el anuncio que hizo el presidente Peña Nieto de que no se modificará la estructura de la tenencia de la tierra agrícola. A casi 100 años de que empezó el reparto de la tierra, es claro que el sistema ejidal y el de los minifundios simplemente no funciona y de ahí que la mayor incidencia de pobreza se dé precisamente en las zonas rurales. Mantener el mismo esquema lo que garantiza es la perpetuación de la pobreza, sin importar cuántos recursos públicos se gaste el gobierno en este sector.

3. La corrupción sigue siendo un flagelo y la Comisión Nacional Anticorrupción sigue atorada en el Congreso. Es claro que a quienes menos les interesa la creación de este órgano es los propios políticos.

[email protected]