Hubo ocho oradores en el Acto de Unidad en Defensa de la Dignidad de México y en Favor de la Amistad con el Pueblo de los Estados Unidos que presidió Andrés Manuel López Obrador el sábado pasado en Tijuana para mostrarle a Donald Trump que el presidente de México cuenta con un amplio apoyo popular.

Antier hablaron el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard; la jornalera en el Valle de San Quintín, Baja California, Amalia Tello Torralba; el presidente del CCE, Carlos Salazar Lomelín; el presidente de la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas, Arturo Farela; el sacerdote y defensor de derechos humanos Alejandro Solalinde; el gobernador de Querétaro y presidente de la Conago, Francisco Domínguez; el diputado morenista y presidente de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo; y, finalmente, AMLO.

Todos ellos festejaron, y con razón, el hecho de que gracias a la negociación entre los gobiernos de México y Estados Unidos se logró evitar la imposición de un arancel de 5% a todas las exportaciones mexicanas.

Ebrard explicó que era importante que se suspendiera (indefinidamente, como tuiteó Trump) el arancel de 5.0% porque “el primer impacto es que habría una importante caída en la inversión, habría una importante caída en el número de empleos; quizá estimamos, sin ánimo de exagerar, que más de 900,000 personas se podrían haber quedado sin trabajo, su efecto hubiese sido devastador”.

En su discurso, Salazar Lomelín se limitó a reiterar que los empresarios que él representa apoyan al presidente.

El evangélico Farela pareció ser promotor del “destino manifiesto” estadounidense cuando afirmó que “Estados Unidos es una nación fundada con principios cristianos bíblicos. Los que fundaron la Unión Americana (...) los famosos cuáqueros, hombres puros, hombres íntegros, hombres de principios y valores vinieron a sembrar la semilla de la palabra de Dios en esta gran nación”. Apenas lo dijo, pensé en los millones de indios que, en lo que hoy es Estados Unidos, fueron aniquilados y expulsados de sus tierras ancestrales por esos hombres “puros, íntegros”. Con todo y sus citas bíblicas, Farela me dio la impresión de ser un promotor de los intereses gringos y no un pastor de almas.

Por su parte, en un discurso también impregnando de religiosidad y frases antineoliberales, Solalinde casi llegó a comparar al gobierno de la 4T con el reino de los cielos y sorprendió a muchos, al concluir su discurso, al afirmar que “estamos muy cerca de tener, quizá, la primera mujer presidenta nacional”.

El gobernador de Querétaro felicitó al presidente, a Ebrard y a su equipo. Señaló que en Tijuana se celebraba “el encontrarnos unidos bajo una sola voz que supo defender la justicia, la libertad y la democracia”.

Llegó el turno de Muñoz Ledo, quien después de festejar el acuerdo, dijo una verdad que incomodó a los demás: “Lo que es, en mi criterio, inmoral e inaceptable es el doble rasero entre la frontera norte y la del sur. Por una parte, exigimos que nos abran las puertas y, por el otro lado, sellamos el paso de los centroamericanos para hacerle un oscuro favor a EU”.

Comentaré aquí mañana lo que dijo AMLO, los tuits de Trump y lo más importante del acuerdo.

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Eduardo Ruiz-Healy

Periodista y productor

Columna invitada

Opinador, columnista, conferencista, media trainer, 35 años de experiencia en medios de comunicación, microempresario.