El grito ¡no estás sola! debió haber sido para la mamá de Norberto, o la de Leonardo, o la mamá de Aidé

Platicábamos en la mesa que mi hija pequeña está atravesando por esa etapa, como cualquier niño de dos años, en la que cree que todo es de su propiedad. Un grito interrumpió la conversación, era ella, reclamándole a Pancha, la labrador dueña de mi cama: “¡Pancha, no te comas mis croquetas!”.

Pensar que el mundo gira a nuestro alrededor es un acto de supervivencia cuando tenemos dos años de edad; es también una eficiente estrategia de comunicación cuando estás en campaña, y una forma ruin de conducirte cuando tienes en tus manos el destino de una ciudad o de un país.

Los últimos días han sido trágicos en materia de seguridad en Ciudad de México. El aumento de los secuestros según las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública es escandaloso. Poco importa si la defensa argumenta que las cifras anteriores no eran confiables, pues tampoco hay indicadores que nos inviten a creer que el aumento se deba a un mayor número de denuncias —no de casos—, pues no existen razones para pensar que el sistema ha generado mayor confianza por parte de las víctimas.

Norberto Ronquillo fue secuestrado al salir de la universidad y encontrado días después sin vida. Las omisiones de las autoridades quedaron patentes en aquella conferencia de prensa en la que la procuradora Godoy rechazaba cualquier negligencia. ¿Qué defensa puede hacerse de los protocolos cuando la víctima es encontrada sin vida? Habría valido más una disculpa. Pero el asunto no quedó ahí. Bajo la noción de que el mundo gira alrededor de la clase política y los asesinatos son un ataque de quienes no quieren el cambio, como lo escribió Epigmenio Ibarra el 10 de junio en Twitter: “Me uno a la enérgica condena y a la exigencia de justicia para el estudiante Norberto Ronquillo secuestrado y asesinado en CDMX. El aumento exponencial de la violencia alentado por quienes intentan, a todo trance, la restauración del régimen autoritario cobra una víctima más”.

El 11 de junio, en la alcaldía Gustavo A. Madero, en un evento público con la jefa de Gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador decía: “(Claudia) no está sola, tiene el apoyo del presidente de la República y del pueblo.”

Sonriente, la jefa de Gobierno recibía el espaldarazo de quien dijo sentirse seguro en Ciudad de México, el presiente con la escolta que va disfrazada de civil 4T para pasar desapercibida. (Qué bueno que lo cuiden, es del más básico sentido común). El grito de “¡no estás sola!” tendría que haber sido para la mamá de Norberto, o la de Leonardo o la mamá de Aidé. O para la mujer que quedó tendida en el pavimento en Bosques del Pedregal, con una mano tratando de alcanzar a su bebé, también tendido en el pavimento mientras todavía alcanzaba a moverse. A ella nadie le dijo que no estaba sola, porque lo estaba. Tan lo estaba que quienes la mataron, junto a su bebé y acompañante, alcanzaron a escapar sin dejar una sola pista. Por cierto, para ella no llegó, al menos hasta el cierre de este texto, ni un tuit lamentando los hechos.

Regresemos a mi anécdota familiar. Imaginemos que tras el reclamo de mi criatura a la perra por haberse comido las croquetas, mi esposo se para de la mesa, regaña enérgicamente a Pancha por la imprudencia de hacer lo que cualquier perro hace, abraza a mi hija, alza su mano, y le dice: “No te preocupes, no estás sola”. Así.

Pamela Cerdeira

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana

Columna invitada

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana. Conduce el programa "A Todo Terreno" en MVS Radio. Ha escrito para diversas publicaciones y trabajado en distintos espacios en radio y televisión.