Ofende la sola duda sobre si está México preparado para prosperar en un mundo donde el Dragón tiene cada vez más influencia; es claro que no.

El próximo Presidente de México deberá dirigir nuestro país mientras ocurre un cambio de época a escala mundial: entre el 2016 y el 2018 China se convertirá en la mayor economía del planeta, medida en términos de paridad de poder adquisitivo. Hace un sexenio se pensaba que el cambio de guardia ocurriría por el 2030. El desempeño de las principales potencias y de China hizo trizas los pronósticos de principios de este siglo. La economía de China creció 42% entre el 2007 y el 2011. En el mismo periodo, Estados Unidos creció menos de 3%; la Unión Europea se contrajo 0.3%, y Japón cayó 5.2 por ciento.

Las implicaciones de este relevo en la cúspide son enormes y no necesitamos esperar al 2018 para valorarlas. Podemos empezar por decir que Estados Unidos no va a desaparecer del mapa. Seguirá siendo un mercado de referencia, entre otras cosas porque su producto per cápita es entre cinco y 12 veces mayor que el de China, dependiendo de si se mide en dólares o en paridad de poder adquisitivo.

La gran historia económica del principio del tercer milenio es el ascenso de China. Producía 2% de la manufactura del planeta en 1990. Ahora representa 20% y sigue creciendo. Es el mayor consumidor mundial de cemento, acero, minerales, energía y otros.

La economía de China cerró el 2011 con un crecimiento de 9.2 por ciento. Para sus estándares eso significa una desaceleración. Es la tasa más baja de crecimiento de los últimos 30 meses. La desaceleración de China no le impide seguir avanzando en unos parámetros que dejan claro su nuevo poder y estatus.

Tiene más usuarios de Internet que nadie en el planeta, 485 millones de personas, y una compañía que crece tan rápido como Google en el mercado de búsquedas, Baidu. Ahora cuenta con tres de los 10 mayores bancos del mundo, frente a uno que tenía en el 2010. El número de billonarios chinos en la lista de Forbes se incrementó 21%, de 95 a 115.

No es extraño que FT declarara que el 2011 fue el primero de una nueva época en el mercado mundial del arte. China se ha convertido en el principal consumidor del mundo, 44% de las compras de arte es realizado por chinos. Las creaciones de sus artistas también empiezan a dominar la lista de obras más caras. Ai Weiwei fue nombrado el artista más poderoso del planeta por Art Review.

¿Está México preparado para prosperar en un mundo donde China tendrá una influencia creciente? La duda ofende, por supuesto que no.

China es el segundo mayor proveedor del mercado mexicano, con casi 14% de las importaciones totales de nuestro país. En contrapartida, México no aparece entre los principales 30 proveedores del mercado chino. En la captación de inversión china, nuestro país pinta poco. Los 400 millones de dólares invertidos por China en México palidecen ante los 12,700 millones que registra Brasil.

El reto del futuro para México es seguir aprovechando la relación con Estados Unidos y, al mismo tiempo, construir una relación productiva con la que será la potencia del siglo XXI. El hombre o mujer que ocupe la silla presidencial mexicana deberá trabajar muy duro para romper una inercia donde la relación con China es desequilibrada y más propensa al conflicto que al desarrollo de situaciones de beneficio compartido. No se trata de optar entre el Tío Sam y el Dragón, sino de jugar malabares con los dos.

lmgonzalez@eleconomista.com.mx