El primer debate presidencial sobre “Política y Gobierno” trascurrió sin mayores sorpresas. Era predecible la postura y actitud de cada uno de los candidatos. Vale la pena alejarnos de emociones y pasiones para observar detalladamente y escuchar con atención qué dicen y cómo lo dicen tanto con palabras como con sus expresiones corporales.

En un debate resulta indispensable no sólo entender lo que se dice sino sobre todo lo que se omite, se evade o se calla. La actitud de cada candidato respecto a los demás, hacia los moderadores y a las propias reglas del juego dice tanto o más que sus palabras. Todo comunica.

Un candidato que no sabe escuchar a sus contrincantes y a los propios moderadores es señal de alerta pues suelen hacer lo mismo con la gente. Peor aún, cuando ganan, el poder los aísla mucho más y pierden toda perspectiva de la realidad. De ahí que saber escuchar sea indispensable para gobernar.

En cualquier sondeo sobre las mayores preocupaciones de los mexicanos, la inseguridad encabeza la lista. Siendo la primera responsabilidad de un gobierno proteger la vida y garantizar la seguridad de todos los ciudadanos, preocupa mucho no sólo que el puntero en las encuestas hable de dar amnistía a criminales (sin explicar a fondo a qué se refiere) pero que ningún candidato esté poniendo este desafío hasta arriba de sus prioridades.

Mientras abordaban este tema de manera tibia, miles de mexicanos en las calles de todo el país siguen y seguimos sufriendo robos, extorsiones, asaltos, secuestros y asesinatos. Pareciera que la falta de sensibilidad y valor de los candidatos refleja lo alejados que están de la realidad de una inmensa mayoría. Exigimos tomar en serio el problema de inseguridad.

Analizando la forma en la que cada candidato se expresa, no estaría de más que una de las propuestas en educación sea enseñar oratoria y debate a los niños en todas las escuelas. Aprender a pensar, a articular y a argumentar ayuda también a poder identificar con mayor claridad falacias y mentiras para prevenir engaños y manipulación de una clase política que vive de eso.

Es una realidad que México sigue siendo un país de monólogos, no de diálogos. Cada quien está en su propio rollo, manifiesta sus propias fobias y pone en evidencia sus propias mañas. Sin una escucha profunda y un diálogo real, difícilmente se podrá gobernar tras una coyuntura como esta.

Cada debate aprendo lo mismo: la transformación real de México no está en los candidatos, de ningún partido, está en cada uno de nosotros. Mientras nos siga dando flojera entenderlo, seguiremos lamentándonos cada seis años con mayor intensidad.

@armando_regil

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.