La semana pasada el Reino Unido se convirtió en el primer país en aprobar una vacuna contra el coronavirus y anunció que esta semana empezaría un programa de vacunación dando prioridad a los sectores de la población más vulnerables. Esto no solo intensificó la carrera hacia la vacunación masiva a nivel mundial, también trae la esperanza que el fin de la pandemia pudiera estar cerca.

Actualmente muchos países, incluyendo México, están experimentando un rebrote en los contagios por coronavirus, posiblemente más intenso que lo observado hace unos meses. Gobiernos y responsables del sector salud exhortan a los individuos a seguir vigilantes y al mismo tiempo enfrentan el difícil dilema de restringir la movilidad, lo cual conlleva una enorme afectación a la economía, o depender de la responsabilidad social para disminuir en la medida de lo posible los contagios.

Con la esperanza de las vacunas, las próximas semanas y meses se convertirán en una espera hacia la antigua “normalidad”.  Esa normalidad toma muchas formas, a nivel individual es la oportunidad de visitar a nuestros seres queridos o de hacer actividades cotidianas que por el momento están limitadas. Con esto se abre la posibilidad de un aceleramiento en la actividad económica empujado por la demanda contenida durante este año.

Sin embargo, regresar por completo a la antigua normalidad sería un terrible error. El modelo económico prevaleciente antes del Covid-19 ya no funciona. La falta de inversión en infraestructura para generar un crecimiento justo y sostenible y el incremento grotesco en la desigualdad en los últimos años son prueba de ello. Y la pandemia solo puso en evidencia sus falencias.

La crisis de salud puso de manifiesto la falta de inversión en bienes públicos como hospitales, centros de investigación en materia de salud e infraestructura para producir y garantizar el abasto de artículos relacionados con la atención médica.

La crisis económica afectó severamente a los grupos sociales que ya estaban en condiciones de vulnerabilidad antes del Covid-19. Trabajadores del sector informal, autoempleados, pequeñas empresas en el sector de servicios y turismo, mujeres y jóvenes han sido los más afectados. La pandemia ha empujado a más familias por debajo de la línea de pobreza y ha incrementado la desigualdad.

Otro problema es el crecimiento económico artificial impulsado por la actividad financiera. Las ganancias en el sector financiero en vez de que sean invertidas en actividades productivas de largo plazo son reinvertidas en el sector financiero. Solo hay que observar la disparidad entre la economía real y lo mercados accionarios que han recuperado lo perdido desde el inicio de la pandemia.

Parece que la preocupación actual de los gobiernos se centra en como obtener las vacunas y como implementar campañas de vacunación masivas, solo entonces la crisis sanitaria habrá llegado a su fin. Sin embargo, los estragos en el ámbito económico pueden persistir durante muchos años.

Gobierno y sociedad deben usar esta crisis para hacer las cosas diferente. Las políticas sociales y económicas deben de ser revisadas y reformadas. El Estado debe asumir su papel de generador de valor permanentemente a través de la inversión publica y el gasto bien dirigido.

Reformas laborales, como es el caso de la iniciativa de reforma en materia de outsourcing propuesta por el gobierno de López Obrador, deben de ir encaminadas a mejorar las condiciones de trabajo proporcionando mejores salarios, seguridad laboral y participación en las utilidades de las empresas.

El inicio de la vacunación masiva es una luz al final del túnel, pero gobierno y sociedad deben de seguir vigilantes para no regresar a lo que nos trajo aquí.

urbes@eleconomista.com.mx

Lucía Buenrostro

Actuaria por la UNAM

Columna invitada

Lucía Buenrostro es Maestra en Economía por El Colegio de México y Maestra en Matemáticas y Finanzas por el Imperial College (Reino Unido). Es Doctora en Economía por la Universidad de Warwick (Reino Unido). Ha desempeñado labores de docencia e investigación en la UNAM, en la Universidad de Warwick y en la Universidad de Oxford.

Cuenta con una amplia y sólida trayectoria en el sistema financiero internacional donde laboró por casi 15 años en Londres como responsable de áreas de administración de riesgos en la banca de inversión.

Lee más de este autor