Ciento cuarenta y seis millones de niñas contraerán matrimonio antes de los 18 años en esta década en el mundo, de acuerdo con un estudio sobre matrimonio infantil, publicado por el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, por su sigla en inglés).

El matrimonio infantil sigue siendo una práctica común en países en desarrollo, afectando desproporcionadamente a niñas y poniendo en riesgo sus vidas. Esta práctica tiene sus raíces en las tradiciones culturales y en la pobreza y viola no sólo derechos humanos, sino que pone en riesgo la estabilidad y el desarrollo económico.

El matrimonio infantil trasciende fronteras. De acuerdo con la Unicef (2013), México ocupa el noveno lugar mundial, por el número de mujeres de entre 20 y 24 años que contrajo matrimonio antes de los 18 años (260,000).

India aparece en primer lugar, con 10 millones 63,000 mujeres, y Brasil aparece en cuarto lugar, con 877,000.

El estudio del CFR estima que una de cada tres niñas se casa antes de cumplir 18 años y una de cada nueve antes de cumplir los 15 años.

Según las Naciones Unidas, la incidencia de este fenómeno es mayor en niñas que habitan en zonas rurales (dos veces mayor que en zonas urbanas), aquejadas por la pobreza (54% de las niñas de los hogares del quintil más pobre y 16% de las niñas del quintil más alto) y con menor escolaridad (63% de las niñas sin educación, 43% de las niñas con educación primaria y 20% de las niñas con educación secundaria).

¿Por qué es tan grave esta situación? Hay que partir de que las convenciones internacionales prohíben el matrimonio infantil y establecen como edad de inicio de la vida adulta los 18 años.

Estas leyes están basadas en el argumento de que los niños y adolescentes no tienen la madurez suficiente para tomar decisiones relacionadas con el matrimonio y que el matrimonio a edad temprana puede causar daños emocionales, psicológicos y físicos perdurables.

Además, los expertos en desarrollo argumentan que el matrimonio infantil pone en riesgo las oportunidades educacionales y los prospectos de ingreso, lo que perpetua la pobreza en el mundo, inhibiendo el desarrollo y poniendo en riesgo la estabilidad.

El aplazamiento del matrimonio y la inversión en el futuro de las niñas en una sociedad tiene un efecto multiplicador en la comunidad en cuestión.

¿Por qué invertir en las niñas de México? Numerosos estudios han probado la relación entre la educación y el desarrollo de las niñas con beneficios económicos.

A mayor educación, menor tasa de mortalidad materna e infantil, menor tasa de natalidad, mayor participación de las mujeres en la fuerza laboral, lo que incrementa el PIB y el PIB per cápita del país.

Los autores del artículo del CFR hacen una serie de recomendaciones de política pública al respecto: 1) Expandir la educación de las niñas. 2) Implementar campañas de sensibilización en las comunidades. 3) Ofrecer asistencia económica y otros incentivos a los padres para retrasar la edad del matrimonio. 4) Extender la salud reproductiva y materna. 5) Adecuación del marco jurídico y fortalecimiento de los mecanismos para hacer cumplir las leyes en este ámbito y 6) Mejorar la recolección de datos relacionados con el matrimonio infantil.

En resumen, podemos decir que a mayor inversión en nuestras niñas, más desarrollo y menos pobreza.

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