El gobierno del presidente Enrique Peña Nieto anunció el pasado diciembre que en su mandato no se construirá un nuevo aeropuerto para la ciudad de México. Desde hace 20 años se sabe es necesario por la saturación creciente, que iniciaba ya entonces, y que en estos días, a pesar de obras para remediarlo, es insostenible.

La decisión de construirlo implica decisiones complejas, problemas sociales, ambientales y también elevados costos, que ahora se estiman en 10,000 millones de dólares. Este gobierno, como lo han hecho otros, ha dejado para quien lo suceda la decisión de levantar un nuevo aeropuerto.

A lo que se compromete el actual gobierno federal es a ampliar el existente, al agregar una tercera pista a las dos actuales y construir también una tercera terminal que se va añadir a las dos que ya existen (T1 y T2). Las nuevas construcciones se harán en una reserva territorial de 5,500 hectáreas sobre terrenos del Lago de Texcoco.

La reserva, según informó el secretario de Comunicaciones, Gerardo Ruiz Esparza, es aledaña al aeropuerto en funciones, dicha extensión basta y, por lo mismo, ya no habrá necesidad de adquirir tierras adicionales. El proyecto empezará a construirse en el 2014 y estará en funciones a finales del 2015 o principios del 2016.

Lo que se ha dado a conocer por las autoridades es todavía muy general y el anuncio ha sido recibido por los sectores relacionados con la industria de la aviación con cautela y reservas. Estos grupos esperan mayor información para pronunciarse sobre la solución que ofrece el gobierno de Peña Nieto.

El Presidente Fox, al año de su gobierno, dio pasos para la construcción de un nuevo aeropuerto en Texcoco, que sustituiría al actual pero, ante la escalda del conflicto de los ejidatarios de San Salvador Atenco y otros intereses involucrados, decidió poner fin al proyecto en agosto del 2002. Los detalles de esa decisión se registran en La Diferencia, que escribí junto con Jorge G. Castañeda en el 2007. La decisión fue entonces reordenar el patrón de vuelos en el aeropuerto muchos se trasladaron al de Toluca y construir una segunda terminal (T2) para reducir la saturación. Ésta tocó inaugurarla al Presidente Calderón en noviembre del 2007. Al inicio del gobierno de éste, se anunció la construcción de un nuevo aeropuerto, pero pronto esa idea quedó en el olvido. En ese sexenio no se hizo nada con relación al mismo.

A reserva de que se conozcan los detalles de la anunciada ampliación, el gobierno actual asume acciones en la lógica de reducir los niveles de saturación y los conflictos derivados de la misma, en la línea de un paliativo que seguramente va ayudar, como lo hizo la T2, pero no en la de una solución integral y final al problema. Para ésa, habrá que esperar otro u otros sexenios.