El 15 de diciembre, el gran arquitecto brasileño, Oscar Niemeyer, hubiera cumplido 105 años. La muerte lo alcanzó diez días antes, el 5 de diciembre, rodeado de toda su familia. El gobierno brasileño decretó siete días de duelo nacional a uno de sus máximos genios, como lo proclamó la presidenta, Dilma Rousseff.

Norman Foster, arquitecto inglés, al conocer la pérdida recordó: El primer deslumbramiento que sentí al toparme con un estilo profundamente particular, rotundamente escultural, decididamente sensual y añadió que en su caso el arte se marida excepcionalmente con la arquitectura, para guiarnos en una hipnótica procesión por sus edificios, dotados de un extraordinario sentido monumental y una gracia fuera de lo común .

Niemeyer, para Foster, supo situarse desde la atalaya extremadamente personal, como parte de la generación de los maestros, la de Mies van der Rohe, Le Corbusier, Alvar Aalto. Eran hombres capaces de crear edificios perdurables, espacios capaces de movernos emocional e intelectualmente. Cualidades todas que han quedado para las generaciones posteriores, como parte del legado de un hombre extraordinario .

En el 2007, cuando el brasileño cumplió 100 años, escribí: Su arquitectura propone una libertad total. En sus obras uno siempre se siente envuelto en formas continuas y limpias que prescinden de todo lo superfluo. Se trata de espacios ante los cuales no se puede permanecer indiferente. Se está en medio de una escultura, sus edificios tienen ese carácter, que resulta reconocible, pero al mismo tiempo es único .

En esa ocasión también dije: La arquitectura de Niemeyer es ligera, flota como sostenida en el aire y goza de una radical simplicidad. Asimismo, otros de sus atributos son lo sensual y lo escultórico. Se basa en las formas ondulantes que ofrecen las curvas y sobre ellas el brasileño sostenía que éstas son la solución natural a toda obra de arquitectura; también decía que su inspiración es la curva que veo en las montañas de Brasil, en el cuerpo de la amante . 

En Sao Pablo, este mayo, hice un recorrido cuidadoso, era la segunda vez que estaba ahí, por el Parque do Ibirapuera, diseñado por Niemeyer en 1954 para celebrar el 400 aniversario de la ciudad. La pérgola o galería ondulante que une los distintos edificios, también diseñados por él, me gusta mucho. En el 2005, en el mismo espacio, construyó un teatro de pronunciadas líneas rectas, es una escultura geométrica que rompe con su estilo.  

Desde hace muchos años soy admirador de la persona y la obra de este grande de la arquitectura, Premio Pritzker 1987. Entre sus más de 600 edificaciones están: el edificio de las Naciones Unidas, trabajo compartido con Le Corbusier y el proyecto de Brasilia, que realizó junto con Lucio Costa, pero también el estupendo Museo de Arte Contemporáneo de Niterói. Este innovador que amó siempre la vida, nos invita a celebrarla. Felices fiestas.

Twitter: @RubenAguilar