Managua. El Frente Sandinista para la Liberación Nacional (FSLN) está ya en campaña cuando todavía falta año y medio para las elecciones. No queda duda que el actual presidente, Daniel Ortega, se tratará de reelegir.

La Constitución se lo prohíbe, pero ha conseguido que la Corte Suprema, al servicio de los sandinistas, haga una interpretación de la misma que le permite ser de nuevo candidato para la elección de noviembre del 2011.

La ciudad, todo el país, está tapizado de propaganda con la fotografía del presidente Ortega con la leyenda por una Nicaragua cristiana, socialista y solidaria y la indicación de que se debe votar en la casilla dos, que es la que corresponde a los sandinistas.

El FSLN derroca al dictador Anastasio Somoza en julio de 1979, para ser vencidos 11 años más tarde por Violeta Chamorro en los comicios de 1990.

Después de las presidencias de Alemán y Bolaños regresan al poder en enero del 2005 cuando triunfa Ortega.

Los sandinistas al llegar de nuevo a la Presidencia siempre estuvieron representados en el Congreso; han hecho toda para garantizar, eso se proponen, nunca volver a perderla. A partir de entonces, ha surgido un FSLN autoritario y represor.

El nuevo sandinismo se parece mucho al PRI de la década de los 60 y 70.

Respeta al gran capital, pero reacciona agresivamente a todo lo que parece está contra su proyecto. Combate a los políticos de la oposición, a las organizaciones de la sociedad civil y a los medios de comunicación.

Los instrumentos pueden ser las auditorias del Ministerio de Hacienda, la difamación en los medios del gobierno, que son cada día más, o ser presa de la acción de las huestes del Poder Ciudadano, organización barrial al servicio del gobierno.

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, manda todos los años una ayuda cuantiosa, algunos la calculan en 400 millones de dólares, que no entra a las arcas públicas y es administrada a discreción por Ortega y sus allegados.

A partir de esos fondos se ha creado Albanisa, empresa privada, que tiene como socios a Ortega, su familia y algunos pocos de los más cercanos. El negocio está en el campo de la energía, los alimentos y la farmacéutica.

Los sandinistas tienen una amplia base social y desde el gobierno se ha convertido en una gigantesca maquinaria de coptación vía el empleo. Un sector de la sociedad está atemorizado y prefiere mantenerse alejado de la política.

La oposición está dividida y por ahora no se ve cómo pueda disputarle el poder a la maquinaria sandinista a la cabeza de Ortega y su mujer Rosario Murillo, la segunda al mando, que nunca ha denunciado el abuso sistemático que éste hizo de su hija cuando era menor de edad.