Escuchaba en la radio a un personaje que se presentó como analista económico que aseguraba que en México se podían subir 10 o hasta 15% los salarios de los trabajadores, porque los costos de la mano de obra son muy bajos dentro de las cuentas de las empresas.

El problema de hacer un supuesto análisis desde una posición ideológica es que se cometen errores graves de apreciación.

Ya tuvimos en este país tomadores de decisiones que pensaban así, que los trabajadores merecían ganar más por decreto. Papá gobierno muchas veces tomó la decisión de ser generoso con los incrementos, con el pensamiento de que no pasaba nada.

Lo que más sorprende de ese discurso de que la mano de obra mexicana es tan barata que se puede subir el sueldo sin que altere los costos es que no sólo desconoce principios económicos, sino también es ignorante de la historia de este país.

Un ingreso repentinamente alto genera un súbito aumento en la demanda de bienes y servicios que, automáticamente, suben sus precios hasta el punto en el que encuentran la garantía de seguir desplazándose.

¿Por qué un mango manila es más barato en mayo que en octubre? Pues, por la oferta y la demanda. Si hay muchos mangos, bajan su precio. Si hay más dinero, éste baja su valor de compra. En ese momento, inicia una carrera entre los salarios y los precios.

Al poco tiempo de que los trabajadores hubieran obtenido su 15% de aumento, la inflación habría alcanzado 20% que les garantizaría que su gran aumento no sirviera para nada.

Claro que siempre será más fácil ser popular y pasar por progresista si se dice que los obreros merecen dejar de ser oprimidos por la mafia y que hay que aumentar sus salarios, antes que explicar que el dinero es un producto más de la economía que se devalúa cuando se suelta en exceso.

La industria automotriz, calladita, se ha convertido en una de las más importantes del país. Los salarios a sus trabajadores mejor capacitados han subido hasta un punto en que son competitivos a nivel internacional y su poder de compra ha superado el de otros sectores productivos.

Nadie les regaló nada, la productividad de esa industria la ha hecho una de las más competitivas del mundo.

La Organización Internacional del Trabajo presentó un estudio comparativo de la situación laboral de América Latina. El documento es muy completo y útil si es que se sabe leer lo que contiene.

Porque, durante su presentación en estos días, otra vez esas ganas de ponerle ideología a lo que merece más análisis hizo que Elizabeth Tinoco, la directora regional de la OIT, presumiera los aumentos salariales de Venezuela y Bolivia comparados con los incrementos en México.

Presumía esta funcionaria que el gobierno de Hugo Chávez acababa de recetar un aumento salarial de 16.20% en términos reales, en comparación con 1.5% que se registró en México.

Lo que omitió en la presunción de las políticas de la República Bolivariana de Venezuela de Hugo Chávez es que la inflación el año pasado fue de 25% y en México de 4 por ciento. Lo que implica que en pocos meses los aumentos en los precios se encargarán de borrar el aumento real que se ve en la fotografía de este momento.

Eso sin contar la baja disponibilidad de productos y servicios a los que tienen acceso los trabajadores y demás población de Venezuela. Vamos, que nos vengan a presumir ese país sudamericano a México sí resulta absurdo.

Tampoco hay mucho que presumir en un aumento a los salarios mínimos de 3.9% para el 2013, cuando todavía muchos cientos de miles de personas ganan con base en ese indicador y cuando la inflación de los alimentos se mantuvo la mayor parte del año por arriba de 10 por ciento.

Hay que reconocer el estancamiento del poder de compra, pero no hay que buscar solución al problema en medidas mágicas o desesperadas como el uso del poder político para controlar el poder económico, porque eso no se puede.

Lo que plantea el Pacto por México es un aumento de la competitividad que debe mejorar el poder de compra de los salarios. Así como mejoraron los de la industria automotriz.

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