La neutralidad de la red es aceptada casi de manera general como el gran principio rector de operación de Internet que la sustenta como una red abierta a la innovación y al emprendimiento, y que la convierte en una gran generadora de valor para la sociedad en su conjunto.

La idea de que la red debía ser neutral (permitir el libre flujo de contenidos dando el mismo trato a todos ellos por igual) evolucionó de lo particular a lo general. A partir de un principio técnico de diseño (el principio de conectividad punta a punta o end-to-end) hacia una doctrina que busca servir como fundamento de la política pública hacia prácticamente todos los aspectos de operación de la red (económicos, políticos y sociales).

Teorizando sobre la Neutralidad

Con base en el buscador Google Scholar, existen más de 4,000 artículos académicos que discuten el tópico net neutrality. A este acervo deben sumarse los muchos más artículos de opinión que se han publicado para discutir sobre el tema. Tal interés no es para menos, pues Internet hoy ya es una infraestructura esencial para la continua operación de toda la actividad económica (tal como los son el sistema carretero, el aeroportuario o la banca) así como insumo para muchos otros bienes de altísimo valor social, como el acceso a información educativa o la difusión y discusión de ideas políticas (con un rol ya tan importante como el de los medios de comunicación tradicionales).

De manera formal, podemos establecer que Internet cumple con tres características esenciales de cualquier infraestructura (Brett M. Frischmann. An Economic Theory of Infrastructure and Commons Management , 89 MINN. L. REV. 917 [2005]).

1 Es un bien que puede ser consumido simultáneamente de forma compartida por varios usuarios (non rival consumption).

2 Es un bien intermedio que crea valor social cuando es utilizado como insumo en otras actividades productivas y dicho uso es la principal fuente tanto de la demanda del bien como de sus múltiples beneficios sociales.

3 Su uso como insumo se da para una amplia gama de bienes y servicios, incluidos los bienes privados (e.g. comercio electrónico), los bienes públicos (e.g. la educación), o bienes no mercadeables (e.g. la democracia).

Al aceptar lo anterior, la teoría establece la necesidad de que toda infraestructura que cumpla con las características mencionadas debe ser gestionada de una forma abierta y transparente que facilite el acceso no discriminatorio, tal y como lo propone el principio de neutralidad.

Existe un elemento que dificulta el poder dar respuestas precisas a la pregunta de qué acciones serían correctas o contrarias a la defensa de principio de neutralidad: el hecho de que no abundan los casos documentados de abusos por parte de operadores de redes y de las consecuencias negativas que éstos hayan tenido, mucho menos de que tales abusos se realicen recurrentemente generando daños que sea esencial revertir. Es difícil que la gran cantidad de teoría vertida en torno de la neutralidad de la red pueda contener más sustancia ante la ausencia de un problema real e inmediato que resolver.

Ampliando el ámbito del debate

En el proceso de encumbramiento de la neutralidad como el valor más relevante de la red, va implícita una premisa que obstaculiza un debate completo sobre la salud del ecosistema competitivo de Internet: aquella que establece que mientras la infraestructura de red sea neutral nada más debiera preocuparnos, especialmente respecto de lo que ocurra en los extremos terminales de la red. Esta visión parte, de nuevo, de generalizar lo que era un principio puramente técnico de diseño de la Red (el end-to-end), trasplantándolo sin mayor reflexión a ámbitos como el de la competencia económica.

Al analizar los particulares, es más fácil encontrar evidencia de operadores de servicios publicitarios discriminando a terceros en beneficio de sus propios anuncios que de los ISP acelerando la entrega de tráfico de sus propios servicios contra los de terceros usuarios de su red.

No parece entonces haber justificación para sustraer el análisis de la defensa de Internet como hoy la conocemos en la forma como son gestionados los aspectos técnicos de la transmisión de contenidos. Internet es la suma de su infraestructura y los servicios que habilita. En beneficio de las economías y la sociedad en su conjunto, debe ser defendida en su totalidad y no bajo la visión de dogmas que limiten artificialmente el ámbito del análisis. (Con la colaboración de Carlos Silva Ponce de León, especialista)

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