Pues ahí está ya el tan esperado y temido cuarto de punto porcentual que puso fin a una década de bajas en la tasa de interés de referencia de Estados Unidos, hasta llevarla a su punto climático de estar prácticamente en cero y convivir con tres agresivos planes de compra de bonos.

La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) está haciendo política monetaria, pero también hace historia, porque lo que sucedió fue el final de una estrategia de rescate económico nunca antes vista.

Si el proceso de aterrizaje que ahora inició resulta, se inscribirá como uno de los grandes éxitos monetarios de cualquier banco central en el mundo. Pero todavía falta para cantar esa victoria.

El nerviosismo era inevitable en los mercados porque desde un inicio se tenía claro que habría secuelas, efectos secundarios, por esta medicina de choque aplicada por la Fed.

Hoy vemos un mercado de bonos chatarra que inicia su debacle por el aumento del costo del dólar y que sufrirá para conseguir los recursos con los que pueda honrar sus deudas.

A partir de ahora lo que sigue es lograr un equilibrio entre las tasas de crecimiento económico que se sostengan, los niveles inflacionarios que se dirijan y mantengan en torno a la meta de 2% y el costo del dinero que logre la neutralidad.

Por lo pronto, la buena noticia es que llegó finalmente el día en que la Fed subió su tasa de interés por primera vez en prácticamente una década y que terminó con su osado plan de hiperliquidez.

La mala noticia es que a partir de ahora inicia el nerviosismo de los mercados sobre cómo le hará el banco central de Estados Unidos para llevar la tasa de referencia a la neutralidad de 2 por ciento.

Este renovado nerviosismo 2.0 no encontró muchas señales lo suficientemente claras en el discurso de Janet Yellen sobre cuál podría ser la hoja de ruta durante el 2016.

Lo que más debe pesar en el ánimo por ahora es ese repunte en la inflación tanto al productor como al consumidor, que se registró durante noviembre pasado.

Los precios de las gasolinas están históricamente bajos y esto influye en la medición general de precios. Sin embargo, la inflación general escaló a 0.5% desde 0.2% de octubre y 0% de septiembre. La inflación que elimina los factores volátiles, la core inflation, está ya en 2% anualizado, que es justo lo que la Fed tiene como meta.

Esto es nerviosismo puro para los mercados que quisieran ver que la política monetaria se regularizara con base en los datos del crecimiento del consumo, la industria y el empleo y no por presiones inflacionarias.

Que quede claro que hoy no existe tal cosa como una presión en los precios, al contrario. Pero si la idea es que las tasas de interés no suban más allá de 1% durante todo el próximo año, es necesario que nada ponga atentos a los banqueros centrales como para que pudieran considerar un ritmo más acelerado de aumento.

La primera prueba ya quedó superada, finalmente se dio el primer aumento de la tasa de interés en Estados Unidos. Ahora hay que atender el renovado nerviosismo por la forma en que la Fed llegará a la meta de una tasa de 2.0 por ciento.