La campaña electoral ha llamado la atención sobre el desarrollo regional, los estados y su financiamiento. Actualmente, la característica principal es la desigualdad rampante que prevalece. Unos estados menos subdesarrollados que otros, pero en casi todos, desequilibrios financieros.

En el pasado se hicieron grandes avances descentralizando y desconcentrando muchas funciones públicas, además del envío de recursos fiscales hacia los estados, de acuerdo con la autonomía de gestión de los tres niveles de gobierno dentro de un federalismo más o menos funcional.

Lo que se evidencia son grandes disparidades entre los estados, independientemente de explicaciones históricas, culturales, económicas o la dotación de recursos naturales.

También las diferencias de calidades de los gobiernos en el ejercicio de sus tareas, planeando o no sus actividades, gasto público orientado al desarrollo económico y social o desperdiciado en populismo.

Estas diferencias vulneran a la nación, que si bien es una mezcla de identidades locales y nacionales, también considera la unidad en torno de valores para todos.

Por ello, cumplir con criterios de racionalidad instrumental es tarea política. Los políticos, y no el capitalismo, son los responsables de promover el bien común. Es necesario establecer indicadores para su cumplimiento.

Las entidades se han endeudado en demasía y el servicio de la deuda se está pagando con las aportaciones federales a los estados, lo que significa sacrificio de consumo futuro. Pero lo peor es que los recursos no se utilizan para la inversión productiva que genera empleo. Así, durante el periodo que va del 2006 al 2011, los mayores crecimientos de deuda los tuvieron Coahuila y Zacatecas, con 6.913% en el primer caso y 1.284% en el segundo.

El gobierno de Coahuila canalizó sólo 17% a la inversión y Zacatecas un ridículo 1 por ciento. La importancia económica y social que tiene el gasto de inversión es para que por lo menos se canalice 25% del gasto disponible. He aquí un indicador que cambiaría la fase actual de caos del gasto público.

Otro ejemplo es la absorción de Inversión Extranjera Directa. Ella se ubicó en el 2011 en 10 entidades que representaron 93% del total, de las cuales el DF fue 70 por ciento. Fuera de estas entidades, las demás no tuvieron ni condiciones ni importancia para atraerla.

Consecuentemente, el mercado laboral está deprimido. En promedio, los estados emplearon en el 2011 sólo 26% de las personas que se sumaron a la población económicamente activa. Los resultados son patéticos en muchos estados: Tamaulipas (3%), Tlaxcala (5%), Oaxaca (7 por ciento).

Lo que está urgiendo es la planeación financiera para orientar las actividades estatales y una acción similar de los estados hacia los municipios. De esta manera, los recursos financieros tendrían un uso más productivo social y económicamente.

La economía regional en muchos países es paradigmática: conglomerados agroindustriales altamente competitivos que conducen a incrementar el empleo y salarios altos, complementariedades regionales, políticas para generar innovación y conocimiento, cuidado ecológico.