La banca debe reestructurar créditos corporativos y mantener líneas de liquidez abiertas. Si no, después de los meses que dio de alivio para pago de deudas, la recesión podrá convertirse en una crisis de deudores con una cartera vencida explosiva.

Hasta ahora, la crisis económica que ha ocasionado el Covid--19 y el desplome de los precios del petróleo se ha manifestado primeramente como un choque de oferta y luego de demanda agregada. Es decir, ha afectado, principalmente, las cadenas productivas de valor, el empleo de los factores de la producción (capital y trabajo), suministros de insumos, ajustes en la planta productiva y cierres de comercios.

Desde luego, el impacto más dramático es sobre el empleo, tanto el formal como el informal. La crisis de oferta se aparejó con la de una contracción de la demanda. El necesario distanciamiento social ha deprimido el consumo, menos el de los víveres, que se ha convertido en prácticamente el único gasto de una gran mayoría de la población. Muchos no estamos gastando en gasolina y transporte, servicios, restaurantes, esparcimiento, viajes, etcétera. De paso la inversión, que ya ha ligado más de 15 meses de caída, está detenida. La conjunción de los choques de oferta y demanda desembocará en una recesión de gran magnitud. El promedio de las estimaciones para la caída del PIB en el 2020 ronda por -6 por ciento. Sólo como referencia, la recesión de 1995 fue de 6.3 % y la del 2009 de 5.3 por ciento.

Precisamente para compensar este choque a la economía real, es que se requiere una política contracíclica de gasto y de transferencias directas de apoyos a las pequeñas y medianas empresas y a las familias. López Obrador no ha querido reconocer que esto es lo que se requiere para proteger el empleo de los más afectados. No son rescates a las empresas, sino al empleo. Su referencia equivocada al Fobaproa denota que nunca entendió esa estrategia para salvaguardar a los ahorradores y no a los accionistas o dueños de la banca.

La preocupación es que este choque de la economía real se convierta en una crisis financiera. Por ello, la banca debe reestructurar créditos corporativos de todos los tamaños y mantener líneas de liquidez abiertas. Si no, después de los meses que dio de alivio para pago de deudas, la recesión fácilmente podrá convertirse en una crisis de deudores con una cartera vencida explosiva, no sólo de las empresas y comercios, sino de los individuos. Esa película ya la vimos.

La reticencia a adoptar políticas correctas (no neoliberales, simplemente correctas) hará que la recuperación de esta recesión en vez de tener forma de V o de U, será de L. Es decir, un estancamiento prolongado con un consecuente deterioro en el bienestar social y económico. Pero el presidente se empeña en no enfrentar la crisis con un programa estructurado, como lo evidenció en su discurso del domingo. Los Precriterios 2021 anticipan un fuerte deterioro en las finanzas públicas para el 2020: mayores déficits fiscales sin una estrategia de redireccionamiento coherente y racional de gasto.

El domingo, López Obrador confirmó que en tanto siga envuelto en una neblina ideológica que le impida ver los daños que está ocasionando, la probabilidad de una precipitada derrota de su 4T será inminente.