En este mismo espacio en entregas anteriores hemos explorado el origen de algunos platillos del mundo y su contexto sociohistórico por el que hoy los asociamos con la Navidad. Sin embargo, el contexto social de nuestra alimentación está dado no solamente por lo que comemos, sino por dónde, cómo, con quién y por qué lo comemos.

En este sentido, las navidades y las fiestas de fin de año resultan interesantes desde un punto de vista sociológico puesto que además de todos estos elementos arriba mencionados existen variaciones en el festejo que cambian de familia en familia, de cultura en cultura y que son dignas de explorar.

Por ejemplo, en México y en algunos países de Latinoamérica el festejo principal o fuerte se da durante la cena de Nochebuena el día 24 de diciembre. A muchos de nosotros esto nos puede parecer evidente, pero en otras culturas el festejo principal se hace durante la comida del día 25 de diciembre. Esto se debe a que en países con un pasado histórico católico la misa de gallo se hacía a la media noche la noche del 24, por lo que aunque la cena de Nochebuena tenía una importancia, la comida de Navidad tenía mayor jerarquía.

Incluso la tradición de los regalos para los niños traídos por el Niño Dios, Santa Claus, el Père Noël, el Viejito Pascuero, Babbo Natale, Julenisse, o como se le llame a la figura que deja regalos a los más pequeños, cambia en torno a la comida. Por ejemplo, en Estados Unidos dejan galletas y leche en sus casas a un Santa que podría estar hambriento después de repartir regalos toda la noche, mientras que en Irlanda es tradición dejarle una pinta de cerveza. En Noruega se debe dejar la cerveza para evitar travesuras en casa, acompañada de un pudín de arroz dulce (combinación que a la mirada extranjera puede ser poco apetecible).

El encuadre de las comidas del día 25 también se determina por dinámicas familiares y culturales. Por ejemplo, en algunas familias la cena del 24 de diciembre representa un marco más formal en relación a los “materiales culturales” usados: la ropa, la mesa, la vajilla y los cubiertos que se utilizan. En oposición de esto, el recalentado en México se presenta en un contexto mucho más informal. Con respecto a la formalidad, los daneses se precian de su filosofía de vida que llaman “Hygge”, que representa el confort, lo hogareño y disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, incluyendo la comida. En este sentido, las comidas navideñas de los daneses buscan ante todo, a decir de ellos, la buena comida, pero también el confort en su consumo. Para muchas otras familias este exceso de confort podría quitar el significado de ocasión especial de la Navidad.

Todos estos elementos nos permiten ejemplificar cómo interculturalmente el sentido de ocasión especial de la Navidad involucra diferentes manifestaciones. Mientras que para los sectores más puritanos de la sociedad estadounidense pedir a los niños dejar alcohol a Santa resultaría impensable, en familias noruegas se promueve dejarla. Mientras que para algunos la ocasión especial es sinónimo de formalidad, para otros se asocia con el descanso y la informalidad. La comida es agente central de todas estas manifestaciones que aunque diferentes, tienen un elemento subyacente común en el hecho de compartir con los seres queridos.

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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