Igual que Rocío Nahle hace tres años, yo nunca he construido nada de infraestructura. Supongo que tiene razón ahora, cuando dice que “construir algo en este mundo es fantástico”. Suena sincera y universal, casi rayando en inspiradora. Hasta que un segundo después introduce su primer matiz: “hacer una refinería es fantástico”.

En la misma entrevista con Max de Haldevang, de Bloomberg, la propia Nahle ofreció los parámetros para problematizar la situación. “…Veo aquí una incidencia que es muy atípica…”. Estaba hablando de los impactos ambientales y su mitigación, aunque luego desestimó las evidencias sobre el impacto en el mangle, lo que sugiere que su cálculo subestima el daño generado. “…[P]ero de todos modos vamos a continuar con este proyecto porque este proyecto es para México”.

¿Qué significa que un gobierno asuma que lo suyo, por ser suyo, va? Económicamente, la idea de Dos Bocas no se sostiene. Un universo de evidencia disponible apunta a que, sin una estrategia clara que la posicione como una alternativa más eficiente a las refinerías de la costa del golfo texana, Dos Bocas va a generar pérdidas económicas. Como antecedente en refinación, hasta los proyectos de mayor lógica y menor envergadura de esta Administración han tenido resultados decepcionantes. El ejemplo más claro es el ‘rescate de las refinerías existentes’. A pesar del notorio incremento en inversión, Pemex hoy sólo produce 50,000 barriles diarios más de petrolíferos que en 2018. 60,000 de ellos –más que el incremento total, con lo que eso implica– son de combustóleo, que (en línea con su impacto ambiental) cada vez tiene un menor valor comercial.

Para ser justos, la incursión de Nahle a la construcción no significa más combustóleo con altos niveles de azufre. Pero, por la naturaleza del negocio, por fuerza implica mayores emisiones de gases de efecto invernadero de Pemex, que ya está reconocido como el peor infractor de América Latina. Ninguna compañía, petrolera o no, emite más en la región. Bajo este gobierno, la tendencia actual apunta a que las emisiones podrían haberse duplicado en un solo sexenio.

Se vale invocar un sentido más amplio de México. Es entendible que este gobierno siempre prefiera a un soberanista que a un economista. En este terreno, el argumento en pro de Dos Bocas es que, con tal de desplazar la futura posible influencia privada y extranjera (estadounidense) vía sus refinadores (sea la que sea), no hay sobrecosto ni impacto ambiental que sea excesivo para nuestro país. Sólo que, asumiendo que Dos Bocas realmente sea para el futuro, ¿qué tal si nos apartamos por un momento de los discursos de Cárdenas y López Mateos para escuchar la voz, por ejemplo, de la destacada joven mexicana Adriana Calderón? No es difícil encontrar la opinión de su generación.

Escribiendo en el New York Times junto a Greta Thunberg la semana pasada, Calderón introdujo el Índice de Riesgo Climático de la Infancia, producido por UNICEF. “Este es el mundo que nos están dejando”: 850 millones de niños en el mundo están expuestos a cuatro o más peligros climáticos, como olas de calor, inundaciones, contaminación, o escasez de agua. (Después de Haití, por cierto, México es el país con mayor riesgo climático para los niños en todas las Américas.) “El objetivo fundamental de los adultos en cualquier sociedad es proteger a sus jóvenes y hacer todo lo posible para dejar un mundo mejor que el que nos dejaron”, aclaran en el artículo.

Lo siento, Greta y Adriana. Construir algo en este mundo –hacer una refinería– es fantástico. Lo dice nuestra autoridad. Y de todos modos vamos a continuar con este proyecto, porque este proyecto es para México.

@pzarater

Pablo Zárate

Consultor

Más allá de Cantarell

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