La Refinería de Dos Bocas, el gran proyecto de infraestructura impulsado por el Gobierno Federal para la reactivación económica de Tabasco, una vez más se encuentra en el centro del escrutinio nacional. En estos últimos días han surgido nuevas dudas sobre su viabilidad y se revelaron sobrecostos en su construcción; pero la realidad es que nadie sabe qué es lo que pasa en Dos Bocas y las autoridades responsables prefieren manejarse con opacidad.

Extrañamente, la semana pasada el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) emitió una licitación para un diagnóstico que determine el alcance y la viabilidad del proyecto, así como los posibles factores de riesgo asociados con su construcción. Pero de acuerdo a lo que establece el artículo 24 de la Ley Federal de Obras Públicas, las especificaciones de este diagnóstico se debieron haber contemplado dentro de los estudios de pre-factibilidad que la secretaria Rocío Nahle aseguró se tenían completados al momento de poner la primera piedra. Entonces, ¿cuál es la razón por la cual se realiza esta licitación? ¿se han presentado nuevos factores de riesgos?

Si bien recordarán, en enero del año pasado, precisamente fue el IMP quien realizó un estudio de esta misma naturaleza, concluyendo que la Refinería era inviable técnica y financieramente. Después de entregar este estudio, el director fue relevado de su cargo, y casi en paralelo la Sener aseguró que todos los estudios de pre-factibilidad apuntaban a que esta obra dejaría una derrama económica muy fuerte que ayudaría a la recuperación económica de México.

También, en las últimas semanas hubo acusaciones inaceptables; denuncias públicas de tabasqueños que tienen que pagar hasta 500.00 pesos para que se les de trabajo en la obra, mientras siguen arribando camionetas con trabajadores de otros estados que son contratados de manera inmediata. Incluso hace unos días se difundió que el delegado encargado de estos temas en Paraíso fue suspendido por extorsión.

Pero la joya de la corona se dio ayer 20 de septiembre, cuando transcendió que KBR, empresa estadounidense especializada en la construcción de refinerías, abandonó las siguientes fases adjudicadas por sobrecostos. Diversas fuentes me confirman que el avance de la obra es de menos de 10% y que una gran parte de los recursos se privilegiaron para el acondicionamiento del sitio, que todos sabemos es altamente complejo por su cercanía al mar y los mantos acuíferos, así como por los manglares de la zona. Al parecer quien retomará los trabajos es ICA-Fluor que, no sólo no tiene el expertise de KBR, sino que fue el principal contratista en las adaptaciones de Minatitlán, donde hubo retrasos de más de cuatro años. Así que, en opinión de expertos como Gonzalo Monroy, hoy existe 70% de probabilidad de que no se haga la refinería, al menos no del tamaño y con la tecnología que asegura el gobierno.

Como integrante de la Comisión de Energía, he decidido volver a solicitar que la Sener haga público un informe detallado que responda estos cuestionamientos y que se instale un grupo de trabajo que le pueda dar seguimiento permanente a la construcción de este proyecto. Los tabasqueños merecemos prosperidad, y si este proyecto permitirá alcanzar este objetivo, se tiene que hacer de la manera correcta, pero sobre todo con transparencia.

Soraya Pérez

Economista

Entre Números

Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.