La única variable con dinamismo de la economía mexicana han sido las exportaciones. Y lo peor es que Trump ya lo sabe. Además, ya tocó en blandito y constató la debilidad negociadora del gobierno de México.

El gobierno de México salvó la amenaza que había lanzado el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de imponer aranceles crecientes a las exportaciones mexicanas a aquel país. Pero el salvamento se hizo a un costo altísimo para México. Por un lado, con esa claudicación —porque no fue otra cosa— el gobierno que encabeza el presidente López Obrador perdió la soberanía para el país en materia de política de inmigración. Y en el orden moral, la claudicación implicó una herida al honor nacional que dejará una cicatriz imborrable. Así que la celebración que se convocó en Tijuana fue algo completamente improcedente.

La historia del caso, en una nuez, es que en algún momento en el camino el gobierno de AMLO tomó partido total en favor de los migrantes centroamericanos. Y al hacerlo actúo en consecuencia, dándoles todo el apoyo. Pero el gobierno de Estados Unidos tomó nota de esa forma de actuar y la puso en conocimiento de la Casa Blanca. Y de ahí, de esa torpeza del gobierno mexicano devino la idea —funesta desde cualquier ángulo que se le vea— de vincular el tema migratorio con el comercial. En suma, un muy costoso autogol que se anotó la administración lopezobradorista.

Desde el punto de vista administrativo, la acción se ubica en el ámbito de lo que se conoce como control de daños. Y, en efecto, una vez que Trump lanzó la amenaza de aplicar aranceles a las exportaciones en caso de que el gobierno de México no modificara su política con respecto a los migrantes centroamericanos, pues sí, la decisión menos perjudicial posible fue la que se tomó. Pero se trató, repito, de una reacción muy subóptima que debilitó mucho al gobierno de México frente a su similar de Estados Unidos.

¿Pudo el gobierno de México haber actuado de otra forma una vez que Trump lanzó su amenaza arancelaria? Tengo para mí que no. Una de las promesas de campaña más reiteradas por parte de López Obrador fue que restauraría la capacidad de la economía mexicana para crecer aceleradamente. Es el caso que durante los últimos tiempos la única variable con dinamismo en el lado de la demanda agregada han sido las exportaciones. Y lo peor es que Trump ya lo sabe y, además, ya tocó en blandito y constató la debilidad negociadora del gobierno de México. ¿Cuándo volverá a aplicarnos la misma medicina?

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Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico