En la pandemia de Covid-19, los murciélagos han captado una gran atención por parte de la ciencia y de la opinión pública, al vinculárseles con el origen del virus SARS-COV-2.

Hoy se sabe que patógenos de este tipo pueden emerger de la explotación de diversos animales silvestres que interactúan con murciélagos, de su comercio hacinado, promiscuo e inhumano, y de su manipulación y consumo. Esto, en un contexto de deforestación, y de invasión, fragmentación, y destrucción humana de hábitats naturales. Sin embargo, es preciso evitar que en la pandemia se generen aún más prejuicios contra los murciélagos, seres sorprendentes y extraordinarios. Más bien, debe aprovecharse el interés de que ahora son objeto para comprenderlos, estudiarlos, admirarlos y conservarlos, como producto asombroso de la selección natural y de la evolución de la vida en el planeta, y como aliados de la humanidad en una multiplicidad de frentes.

El nombre técnico de los murciélagos como orden es Quirópteros (Chiroptera). Son mamíferos placentarios de una extraordinaria diversidad, y los únicos capaces de volar. Se distribuyen literalmente en todo el planeta –excepto en los ambientes más fríos-. De hecho, representan el 20% (más de 1,100) de todas las especies de mamíferos existentes en el mundo. Se alimentan de insectos y frutas, o bien de pequeños vertebrados; sólo unas pocas especies se nutren de sangre de otros mamíferos. Juegan un papel crucial como polinizadores, en la reproducción y propagación de una miríada de especies vegetales, y como control de plagas. Muchos ecosistemas no existirían sin los murciélagos.

Los murciélagos han desarrollado una fisiología que los hace muy eficientes para permitir, hospedar, y mantener una amplia diversidad genética de patógenos. Esto tiene que ver con sus capacidades de vuelo autónomo, hibernación, inmunología excepcional, metabolismo, longevidad extraordinaria (hasta 50 años de vida), y resistencia a tumores cancerosos (todo lo cual los hacen un tesoro vivo invaluable para la ciencia médica). Los murciélagos, por tanto, son reservorios naturales de virus potencialmente patógenos para los humanos.

Sabemos que la mayoría de las enfermedades infecciosas emergentes son de origen zoonótico (provenientes de animales). Por ello es fundamental entender los patrones de diversidad de virus en la vida silvestre y los mecanismos de transmisión entre especies (spillover), y desarrollar programas de investigación, seguimiento y prospectiva de nuevas posibles pandemias zoonóticas. El objetivo es anticipar cuáles son las especies que con mayor probabilidad acogen el siguiente virus capaz de saltar a los humanos y provocar enfermedades infecciosas. Entre mayor sea el número de especies infectadas por un determinado virus, mayor será su potencial zoonótico y patógeno y de saltar a nuevas especies, lo cual depende de mutaciones, hibridizaciones, reorganizaciones cromosómicas, y transferencias genéticas, o sea, de su plasticidad o adaptabilidad.

Afortunadamente, hoy en día es posible estimar el número de virus que infectan a determinadas especies, así como la proporción de aquellos que tienen potencial zoonótico. Tal potencial se relaciona con su cercanía filogenética a la especie humana, con la taxonomía del hospedero, con relaciones ecológicas, y con los espacios de contacto entre humanos y las especies en cuestión.  El potencial pandémico de patógenos de origen zoonótico se magnifica en un escenario de globalización y de una conectividad humana cada vez más intensa, lo que ha sido obvio en el caso del Covid-19. Cuando los virus patógenos logran adaptarse para inducir contagios directos entre humanos a través de aerosoles y sin producir síntomas inmediatos (como los coronavirus o como el VIH), pueden llegar a cualquier parte del mundo en cuestión de días.

En este escenario, es preciso contener y revertir la fragmentación y destrucción de la naturaleza, inhibir o prohibir el comercio y consumo de animales silvestres, establecer programas de seguimiento y evaluación de riesgos de enfermedades zoonóticas en ecosistemas críticos (cosa que Semarnat y Salud hoy están impedidas de hacer por el desmantelamiento institucional). Y desde luego, es preciso desarrollar programas de gran alcance de investigación y conservación de murciélagos y de sus hábitats.

Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.