Hay graves conflictos entre países muy importantes que ejercen un liderazgo geopolítico y que privilegian la competencia y las amenazas, pero no la cooperación. Con la pandemia del Covid-19 tanto Estados Unidos como China se olvidaron del resto del mundo. Sabemos que mientras no se vacune a todos la pandemia continuará.

Para revertir el cambio climático los países no han cumplido los compromisos asumidos en la Cumbre de Paris, lo que hace previsible más desastres naturales y la pérdida de biodiversidad. China es causante del 30% de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero, Estados Unidos del 13% e India del 7 por ciento. Total, el 50% del daño.

La salida abrupta de Estados Unidos de Afganistán dejó a este país deshecho, sin la prometida democracia liberal y la economía de mercado. En vez de ello la inestabilidad. Fue una retirada unilateral, caótica y peligrosa. Para compensar esta experiencia el Presidente Biden ofreció en la 76 Asamblea General de la ONU acabar con las guerras implacables y privilegiar la diplomacia.

Pero inmediatamente después, Estados Unidos, Inglaterra y Australia, realizaron a espaldas del bloque europeo un acuerdo militar denominado AUKUS para fortalecer su poder en el Pacífico fabricando submarinos nucleares. Con ello se posicionan para hacer frente a la amenaza de China que considera la zona Del Mar de China Meridional como suya. Ahí han surgido conflictos con Japón, Taiwán, Filipinas e India. Estados Unidos trata de mantener esas aguas internacionales libres del control chino. El acuerdo AUKOS significa un vuelco geoestratégico y la posibilidad de una escalada peligrosa de conflicto militar.

Otro enfrentamiento de China con Estados Unidos es su interés de integrarse al Tratado Integral de Asociación Transpacífico, un pacto regional que el Presidente Obama realizo para aislar a China. Ahora sin Obama y sin Trump China quiere formar parte de ese tratado.

La rivalidad entre Estados Unidos y China está significando una ruptura de las reglas que se establecieron hace 70 años, lo que plantea revitalizar el multilateralismo.

Hay muchos problemas globales que se podrían resolver con un enfoque internacional en favor de paz a través de la cooperación.

La ONU realizó una consulta el año pasado a más de 1 millón de personas sobre el estado de situación del mundo y su conducción. La mayoría de las personas quieren más cooperación internacional y el multilateralismo basado en reglas.

Los problemas siguientes requieren soluciones sensatas:1) la pandemia del covid y la vacunación, 2) la crisis del cambio climático y la pérdida persistente de biodiversidad, 3) la amenaza de nuevas guerras, 4) la desigualdad y la pobreza, 5) el terrorismo, 6) las redes delictivas, 7) la migración, 8) los ciberataques a gran escala.

El cambio en la estructura institucional del multilateralismo tendrá que concentrarse en resolver los problemas que trascienden las fronteras.

La gran limitante a las relaciones internacionales dentro de un contexto multilateral es que las dos potencias dominantes, Estados Unidos y China están concentradas en la soberbia del poder. Ni EU corrigió sus deficiencias después de la caída de la Unión Soviética, concentrándose solo en su arrogancia de considerarse vencedor único, ni China ha abierto la puerta para que entren partidos políticos que expresen el pluralismo.

La Unión Europea, caracterizada por el pragmatismo y el equilibrio, con una experiencia de Estado de Bienestar, es un valedor de la diplomacia mundial porque respeta las reglas globales, negocia y cumple promesas. Para su defensa militar tiene a la OTAN y está considerando la creación de una fuerza de reacción rápida para emergencias. Sabina Weyan define el protagonismo de la Unión Europea así: “Trabajar con los demás donde podamos y trabajar de manera autónoma donde debamos”.

smota@eleconomista.com.mx

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.

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