Este 6 de junio 90 millones de mexicanos acudiremos a las urnas para elegir a más de 21,000 autoridades en lo que será la elección más grande e importante de nuestra historia. De frente a este ejercicio democrático, es prioritario procurar la imparcialidad y la libertad del voto; sin embargo, el Gobierno de la 4T, al ir perdiendo popularidad en las encuestas, se ha abocado a entrometerse en el proceso electoral. Insisto, hoy el futuro de la democracia está en juego y esto es algo que atenta directamente contra nuestras libertades políticas.

Es más, el propio Presidente lo reconoció recientemente desde su ritual mañanero, haciendo nuevamente, un uso faccioso de éste para beneficiar a las y los candidatos de Morena. Personalmente, me es lamentable que mi paisano, siendo el mandatario con mayor legitimidad en la historia de México, se comporte como un funcionario berrinchudo y caprichoso y no como un jefe de Estado que se apegue a lo establecido en los artículos 41 y 134 de la Constitución y en la legislación electoral vigente.

En particular, los casos que resaltan sobre este tema son los de Nuevo León y Tabasco, donde la “cuarta transformación” ha buscado intimidar y desprestigiar a los candidatos de oposición, particularmente a Adrián de la Garza y Andrés Granier (ambos del PRI y ambos que encabezan las preferencias electorales), a través de las instancias de procuración de seguridad y de la justicia. Esto, lamentablemente, ha llevado a que hoy, en estas entidades, se viva una elección de Estado, entorpecida por una maquinaria autoritaria que quebranta el estado de derecho y vulnera las libertades del electorado.

Como Diputada Federal, yo coincido con lo que dijo mi compañera Claudia Pastor la semana pasada en la Comisión Permanente; si Morena considera aceptable que ahora las autoridades puedan intervenir abiertamente y utilicen la estructura del Estado para influir en las elecciones, discutámoslo a través de un debate parlamentario para reformar la Constitución. Pero, mientras eso no suceda, TODOS debemos apegarnos a la normatividad vigente, incluyendo, por supuesto, al Presidente López Obrador.

Insisto, aquí no puede haber una doble moral. Morena no puede pedir que se respete la neutralidad de la elección, cuando el Presidente es el primero que la rompe. No puede acusar los empresarios y organismos de la sociedad civil de intervenir y, a su vez, no cumplir con las medidas cautelares que le ha impuesto el INE en varias ocasiones para corregir su comportamiento y cuidar sus declaraciones en la mañanera. No puede aprobar la creación de un grupo de seguimiento al proceso electoral y al mismo tiempo rechazar un exhorto para que el titular del Ejecutivo deje de meter las manos donde no le corresponde. No podemos seguir así, es inmoral e inconstitucional.

Hoy, lo que los mexicanos demandamos es que se respete la competencia electoral, que nada perturbe o influya de manera arbitraria nuestra decisión en la urna y que nuestro voto sea verdaderamente libre e informado. México no va bien, el rumbo de crecimiento y prosperidad se ha desvanecido, más no perdido, y este 6 de junio, juntos, ¡lo podemos recuperar!

@PerezSoraya

Soraya Pérez

Economista

Entre Números

Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.

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