El gobernador sustituto de Guerrero sentenció orgulloso: No hay que criminalizar la protesta social . La frase, no exenta de demagogia populachera, encierra además un reduccionismo muy peligroso: como si todas las protestas sociales fueran iguales e inocuas; como si no hubiera terceros afectados; como si al amparo del derecho a protestar no pudieran cometerse irregularidades, actos vandálicos e incluso crímenes.

Respecto de este tema, leí el martes de esta semana un importante reportaje periodístico con un título más que sugerente: Costó más de 15 millones de pesos remozar monumentos vandalizados en el 2014 (La Crónica, feb. 3, 2015). El reportaje se refiere a los fondos que tuvieron que aplicarse para el remozamiento de edificios y monumentos históricos dañados por vándalos infiltrados en marchas y plantones en el DF, Oaxaca, Morelia, Chilpancingo o Iguala. La cantidad mencionada, que a algunos puede sonar reducida, únicamente se refiere a pintas, grafitis, pegotes, impactos y quemas parciales y no por destrucción o incendio total de edificios .

El punto a destacar es que el costo económico del derecho a la protesta que no debe criminalizarse , es mucho más elevado que las cantidades que se han erogado tan sólo en reparar los daños a monumentos. También ha habido daño a inmuebles privados que no son monumentos, perjuicio a ciudadanos que no tenían vela en el entierro por las marchas y, desde luego, el costo de oportunidad de los recursos que se han gastado en las reparaciones de marras: de no haber habido daños por vandalismo en protestas sociales, los fondos gastados en reparaciones pudieron haberse aprovechado en beneficio de los más pobres y necesitados. Y frente a ello, la total impunidad de los responsables de los actos violentos en contra de los monumentos vandalizados , que en última instancia son patrimonio histórico de México.

Más que no criminalizar la protesta social, lo que ya resulta indispensable es reglamentarla y ponerle límites. No es posible que en nombre del derecho a protestar, agresores , vándalos y los actos violentos en una sola megamarcha los calificativos son textuales del reportaje citado puedan afectar, en algunos casos quizá de manera irreversible, monumentos que deben ser objeto de la máxima protección y cuidado. ¿Daños irreversibles? Tal vez, dijo un académico, esos daños se puedan revertir; la pregunta es a qué costo . En Oaxaca se requerirán sólo más de 120,000 pesos para borrar los rastros de ultraje en la Catedral .

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