A raíz de la muerte de Carlos Monsiváis, no han sido pocos los recordatorios que he escuchado de dos insultos, así lo creen quienes me lo han recordado, certeros que se le hicieron al gran cronista.

Una es aquella frase de que él era un hombre de ingenio y no de genio y la otra, la frase de que no tenía ideas sino ocurrencias, frase fue una magnífica ocurrencia de Octavio Paz.

Y con esto, quienes dijeron las frases y quienes me las han recordado, pretendían hacerlo menos.

Aunque el tema no preocupa mucho ahorita, al menos no como el destino de sus gatos, vale la pena tomarse unos minutos para hacer un par de señalamientos.

Pero la verdad es que Monsiváis tenía el genio y las ideas que son necesarias para el quehacer periodístico, el cual raramente se puede dar el lujo del pensamiento profundo que produzca ideas geniales.

De hecho, era de una profundidad inusual en el medio, y aunque no quepa duda de que un ensayo de Paz, cualquiera, podía llegar mucho más hondo y ser más universal y atemporal, no es material periodístico.

Y es que los periodistas no podemos pasarnos mucho tiempo acariciando una idea porque corremos el riesgo de que pase la coyuntura. Tenemos ideas, bueno, ocurrencias que se usan un día y al siguiente se tiran y hay tener otras.

Para eso y para aderezar con humor sus ocurrencias, nadie mejor que Monsiváis.

Es probable que eventualmente se descubra que su obra carece de trascendencia. Por buscar las verdades (certezas, quizá) y críticas del día a día, quizá en cien años no se entienda o no importe la mayor de lo que escribió.

Pero de que él mismo trascendió no cabe duda.

En fin. Que el maestro descanse en paz (que no en Paz)... y también sus gatos.