El juego de la competencia en México es un rompecabezas cuyas piezas están totalmente dispersas.

El desafío de armar el rompecabezas le toca enfrentarlo al gobierno de Felipe Calderón.

Y lo tendrá que hacer en un contexto singular: cuando todavía no concluye la guerra contra las drogas y cuando, prácticamente, ya arrancó la carrera por la sucesión presidencial.

Lo positivo es que el juego ha iniciado. No hay marcha atrás y la cuenta regresiva tiene un marcador implacable para la colocación de una de las principales piezas: 15 días hábiles para que se defina si el gobierno autoriza o no la modificación del título de concesión de Telmex para que pueda ofrecer servicio de televisión restringida.

Telmex, el gigante de las telecomunicaciones en México, se fortalecería superlativamente si tiene la posibilidad de participar en el cuádruple play: telefonía fija y móvil, transmisión de datos o Internet y servicio de televisión de paga.

Desde la época en la que Francisco Gil Díaz fuera el Secretario de Hacienda y protagonizara una guerra epistolar con el entonces Secretario de Comunicaciones, Pedro Cerisola, precisamente por las diferencias entre ambas partes sobre si debía o no pagar Telmex una contraprestación económica a cambio de la modificación de su título, en el equipo del responsable de las finanzas públicas se afirmaba que concederle el cambio a la operadora la convertiría de facto en el monopolio más grande del mundo.

Sin embargo, hoy la perspectiva es distinta. En la propia comisión antimonopolios se pronuncian porque a Televisa se le permita crecer -como ha estado ocurriendo desde hace algunos meses a través de la autorización para que crezca su red de sistemas de televisión por cable y su potencial participación a través del carrier de carriers como el que se conforma con la fibra oscura de la Comisión Federal de Electricidad, entre otras cosas- para que sea un rival de gran tamaño que pueda competir con los gigantes de las telecomunicaciones: Telmex-Telcel.

La guerra en telecomunicaciones, ha dicho el zar antimonopolios Eduardo Pérez Motta, es una lucha de gigantes.

No hay lugar para los débiles. En consecuencia, en la Comisión Federal de Competencia ven con buenos ojos que se rompa el duopolio de la televisión constituido por Televisa y TV Azteca, de Emilio Azcárraga Jean y Ricardo Salinas Pliego, respectivamente, ahora asociados en el negocio de la telefonía móvil a través de Iusacell.

Y en estricto sentido es cierto. El gobierno debería conceder a Telmex la posibilidad de ofrecer el servicio de televisión.

Como también es totalmente cierto que debe obligar a Telmex a que baje sus tarifas de interconexión.

La resolución de la Corte sobre el tema es un primer paso, aunque todavía falta que el máximo órgano de justicia de la nación se pronuncie por el modelo de costos y que en la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) lo sustenten.

La sopa de las piezas del rompecabezas se ha venido revolviendo, con la participación de todas las partes. La guerra entre operadores de telecomunicaciones -particularmente entre TV Azteca y Televisa contra Telmex y viceversa- ha sido fundamental.

Pero ya venían observándose otros movimientos fuertes en el Poder Legislativo, en donde se obstaculizó durante mucho tiempo la modificación de la ley antimonopolios hasta que al final fue aprobada y se fortaleció al órgano regulador con colmillos que le permiten meter a la cárcel o sancionar con hasta 10% de los ingresos a las empresas y empresarios que incurran en prácticas anticompetitivas.

En la Cofetel y la comisión antimonopolios venían trabajando en el prearmado del rompecabezas, no sin fricciones derivadas por el calor en el intenso fuego de la hoguera de las vanidades.

Los tiempos también están coincidiendo: se cumplieron los que permitieron a la Comisión Federal de Competencia aplicar a Telmex la multa más alta de la historia por casi 1,000 millones de dólares.

Los tambores de guerra no han dejado de sonar y desde la trinchera antimonopolios se prepara una nueva investigación en materia de tarifas de interconexión.

Al flamante secretario de Comunicaciones, Dionisio Pérez Jácome, le tocó una circunstancia histórica. Dependerá de la firmeza con que lo aborde para que se convierta en un episodio positivo para México y para la carrera profesional del funcionario y de su equipo.

El presidente Calderón ha dicho que la política de su gobierno da fomento a la competencia y se ha referido a la necesidad de establecer reglas claras del juego.

La moneda está en el aire y los tiempos se acortan. La primera llamada ya se escuchó y fijó un plazo de 15 días para que se defina si el gobierno modifica o no el título de concesión de Telmex. De cualquier forma, el tiempo del sexenio se está agotando y aunque el Jefe del Ejecutivo ha dicho que como en el futbol hasta el último minuto tiene 60 segundos, lo cierto es que la fuerza presidencial comienza a menguar conforme se acerca el final de su mandato.

CUENTOS VERAS

En la ruta crítica para la selección de la sede del Tianguis, la secretaria de Turismo, Gloria Guevara, amplió la participación a otros actores del sector privado y busca vacunar el proceso de su politización. Bien.