La recuperación económica internacional desde la crisis financiera del 2008-2009 ha sido lenta, frágil y vulnerable, y México no ha sido ajeno a este contexto internacional. Precisamente, éste fue el tema central que el Club Primera Plana, una de las organizaciones periodísticas de mayor importancia y tradición en el país, me pidió exponer en la faceta que más disfruto, la de economista.

En primer lugar, no se puede discutir la situación económica en el país sin estudiar lo que sucede en Estados Unidos, cuando 80% de nuestras exportaciones manufactureras se destina hacia ese mercado.

Haciendo un breve recuento, durante el primer trimestre del 2014 Estados Unidos vivió uno de los inviernos más crudos de su historia, esto tuvo como consecuencia una parálisis en la actividad económica, que lo llevó a un decrecimiento en ese periodo de 2.2% de su PIB. Sin embargo, en el segundo y tercer trimestre del año tuvieron una recuperación no esperada, alcanzando 5% en el tercer trimestre y último reportado a la fecha. La principal razón es el incremento en 25% de su sector minero. Recordemos que Estados Unidos le ha apostado a su potencial energético, principalmente a la explotación de sus campos de lutitas para la extracción de petróleo y gas shale, previendo ya con datos oficiales que para el 2020 se convierta en un exportador neto, por lo menos en lo que se refiere a gas natural.

Haciendo a un lado el inminente incremento en las tasas de interés, que podría darse a partir del segundo semestre de este año, las estimaciones de cierre de empleo para el 2014 fueron también muy superiores a cualquier proyección. La generación de empleos en los dos últimos meses fue de más de 600,000; para poner en contexto, México generó en el año tan sólo 700,000 empleos formales.

Aunque los estadounidenses muestran signos de recuperación, México no puede crecer más rápido, porque, entre otras cosas, sigue siendo un país altamente dependiente de la producción petrolera.

Hagamos un espacio para hablar del petróleo. En el 2014, el paquete fiscal preveía una producción diaria de 2.5 millones de barriles de petróleo, mientras que cerrará con no más de 2.4 millones, esta diferencia, sin incluir la volatilidad de los precios de los últimos tres meses, se estima que ésta le restó 0.5% al PIB. Ahora, los precios de la mezcla mexicana, que rondan los 39 dólares el barril, están muy alejados de los 79 dólares del paquete económico del 2015. A pesar de que las autoridades hacendarias han informado la compra de coberturas petroleras tipo put y un fondo de compensación adicional, el escenario se torna muy complejo, y seguramente es la razón por la cual ya se está hablando de la cancelación de proyectos de infraestructura. De nuevo, haciendo historia, durante la crisis del 2008-2009 se tuvo una caída en el precio similar a la que estamos viviendo y una recuperación hasta niveles de 100 dólares en el mismo año; sin embargo, los contratos futuros del petróleo muestran una recuperación de no más de 60-65 dólares en el 2015.

Ahora, si nuestra fortaleza petrolera no está contribuyendo, el contexto global económico no está mejor. Europa tuvo apenas un crecimiento de 1% y periodos de deflación en al menos cinco meses de forma intermitente durante el 2014; Japón está en recesión técnica desde hace seis meses; los países emergentes, que antes crecían en promedio 7%, apenas llegaron a 5% este año; China cierra con el crecimiento más bajo en de 24 años, y el conjunto de países en Latinoamérica y el Caribe, además de tener los mayores índices de desigualdad, no crecieron más que 1.1%, en promedio. Con esto, hay elementos suficientes para determinar un cierre para México no mayor a 2.2-2.5%, muy a pesar de la recuperación de Estados Unidos.

Para el 2015, las estimaciones de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana están en el rango de 3.5 y 3.6%, un crecimiento muy moderado pero congruente con el de nuestro vecino del norte, de 3.1%, y del promedio mundial, de 3.5 por ciento. Entre paréntesis: afortunadamente las reformas energética y de telecomunicaciones ya están en marcha, ambas quizá las de mayor impacto en el desempeño económico, de lo contrario, ni esperanzas de que esto pintará mejor.

*La autora es presidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana.

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