Una de las cosas que distingue a los países desarrollados de otros, es la cultura de previsión. La capacidad de la gente no sólo para adaptarse, sino prepararse para la adversidad. Como sociedad, hemos desarrollado distintas herramientas para protegernos ante eventos que pueden dañar seriamente nuestro patrimonio y destruir, en un instante, lo que hemos construido en años con mucho esfuerzo.

Pensemos simplemente en la gente que lo ha perdido todo con un terremoto o un huracán. Para muchas familias, su hogar y lo que está dentro de él es lo único que tienen. En otros casos, es el pequeño negocio que le da de comer a su familia. Lo triste es que ni siquiera 5% de ellos tiene un seguro que nos proteja si algo sucede. Y de ese porcentaje, apenas un puñado tendrá una cobertura realmente adecuada.

Me cuesta trabajo entenderlo, quizá porque viví en un hogar donde sí existía una cultura de previsión. Recuerdo una amiga francesa que vino a vivir a México con su novio y buscaba un seguro para su departamento rentado, particularmente para proteger algún daño del cual ella pudiera ser responsable. Le costó mucho trabajo encontrar un agente que realmente supiera. Se sentía totalmente desprotegida, aún después de contratar el producto más completo que encontró, debido a que los límites de cobertura son mucho más pequeños que los estándares en su país de origen. Sentimiento que comparto, sin duda.

Muchas personas, sin embargo, piensan que protegerse es un gasto no esencial o del cual es mejor prescindir. Es más fácil pensar: “es muy difícil que suceda” o “a mí no me va a pasar” o “si pasa, ya veré lo que hago”. O peor aún: “Dios proveerá”.

Como mencioné, hoy tenemos las herramientas que nos permiten proteger adecuadamente lo que más nos importa. Si decidimos ignorarlas o no usarlas, tenemos que tener claro que es una decisión que muchas veces afectará la vida no sólo de nosotros, sino particularmente de las personas a las que más amamos (no sólo la pareja y los hijos, sino otros familiares y amigos que se sentirán en la obligación de ayudarnos).

¿Qué es un seguro y cómo te da certeza?

Un seguro es un mecanismo de transferencia de riesgos, pero también para financiarlos, que nos permite intercambiar incertidumbre por certeza.

A través de pagos periódicos (la prima anual del seguro), que podemos integrar en nuestro presupuesto, tenemos la certeza de que en caso de presentarse el evento cubierto en el contrato, que podría tener consecuencias catastróficas para nuestro bolsillo y para nuestra familia (evento incierto), recibiremos la indemnización correspondiente.

Ahora bien, como hemos hablado recientemente, un seguro es un contrato en el cual ambas partes asumen derechos y obligaciones. Es importantísimo leerlo y saber lo que estamos comprando, es decir, tener claras nuestras obligaciones y lo que podemos esperar.

Los productos de las distintas compañías no son iguales y como demostramos justo en nuestra columna anterior, una pequeña distinción puede hacer una gran diferencia a la hora de la indemnización. Lamentablemente muchas personas en México comparan sólo precio, pero no condiciones. De la misma forma, muchos agentes de seguros, con tal de vender, han tenido que adaptarse a que así son los clientes: consiguen precio y se olvidan de lo demás, que es mucho más importante (por eso tanta gente termina contratando seguros que no son adecuados a sus necesidades). Sobre esto he hablado mucho con mi agente de seguros (que es uno de los buenos y que también es mi amigo). Él me dice: no sabes lo difícil que es encontrar clientes que se sepan asesorar y que quieran la asesoría. Afortunadamente yo estoy en un nivel en el cual yo también elijo a mis clientes, porque eso, para mí, hace toda la diferencia.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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