Ni el abatimiento de la pobreza ni la generación de empleos bien remunerados. Las dos premisas de la plataforma electoral de Felipe Calderón Hinojosa pasaron a segundo plano durante su sexenio.

La realidad se impuso a la ruta del cambio que quiso tomar el Mandatario panista. Y vaya que pagó un precio altísimo: permitir el regreso del PRI a Los Pinos.

Hasta las últimas consecuencias, Calderón Hinojosa defenderá el legado de su administración, marcado por las miles de bajas causadas por la lucha contra el crimen organizado. Ese rubro es el que más afecta su credibilidad, de acuerdo con las encuestas más recientes sobre el acuerdo ciudadano con la Presidencia de la República.

(En el asunto de la riendas del país , se mantiene en 27% de los ciudadanos que lo ven en control del país y dos de cada tres dice que no tiene las riendas, reportó la firma Consulta Mitofsky en su última evaluación trimestral sobre el acuerdo presidencial. La variable que resume el sentir ciudadano y que no sólo involucra al Presidente, sino a toda la clase política, social y empresarial es la expectativa y evaluación sobre el rumbo del país; de esta manera, después de realizadas las elecciones, 29% de los mexicanos considera que el país va por el rumbo correcto y 63% por el rumbo equivocado, su peor resultado, al compararlo con las mediciones del 2008 al 2012).

Pensar que el problema de inseguridad en el país se gestó de la noche a la mañana y empezó con esta administración es tan equivocado como suponer que al retirar a las fuerzas federales o al concluir este sexenio desaparecerá por sí mismo , insiste Calderón Hinojosa en el VI Informe que entregó al Congreso de la Unión, la única manera de terminar verdaderamente con la problemática es perseverar en la estrategia nacional de seguridad .

Es la herencia de Calderón al priísta Enrique Peña Nieto. Y también, un cúmulo de conflictos de índole político-social que dan cuenta que uno de los saldos más deficitarios del sexenio se registra dentro del ámbito de competencia de la Secretaría de Gobernación, donde se optó -en esta última etapa- por un binomio compuesto por Alejandro Poiré Romero y Obdulio Ávila Mayo.

El objetivo inicial era evitar confrontaciones y el escalamiento de conflictos o desacuerdos , mediante el diálogo, la concertación y los acuerdos con los grupos inconformes. En los últimos seis años, se atendieron 1,144 eventos, pero sólo se instalaron 169 mesas de atención y seguimiento.

Un esquema de solución de conflictos que -según el recuerdo oficial- merecería replicarse en otros lugares, pues esas mesas lograron la distensión de las inconformidades en 100% de los casos. Pero los números a menudo reflejan una realidad distinta y a veces también se utilizan para mentir.

De acuerdo con el VI Informe de Gobierno, el calderonismo registró 28% más de lo que en la jerga oficial se cataloga como conflictos de impacto nacional y regional , en comparación con los conflictos reportados en el periodo sexenio.

Se trató de 169 eventos de distinta índole y gravedad. De éstos, sólo 57 casos se solucionaron y 112 continúan siendo atendidos para mantener su distensión . Un índice de efectividad de apenas 33.7% que denota la debilidad institucional, el agotamiento de una forma de afrontar los conflictos sociales que vive actualmente el país.

Justo en Michoacán -en Cherán y Nueva Jerusalén, para ser precisos- es donde se ubican las problemáticas más apremiantes. Los conflictos limítrofes entre Chiapas y Oaxaca siguen en semáforo rojo, en el mapa de riesgos del gobierno federal y la reactivación del movimiento estudiantil #YoSoy­132, a propósito del fallo judicial sobre la validez de la elección presidencial, introduce un nuevo elemento de intranquilidad, dados los visos de su vinculación con grupos subversivos y personajes que se mantienen en el clandestinaje.

El país no sólo es más inseguro, puede concluirse, sino también más inestable, en términos de gobernabilidad. Y quedó a medio camino en las reformas estructurales.

Calderón Hinojosa está seguro de la viabilidad de sus estrategias, pero en la calle hay más descontento. Y ése es el peor legado que puede dejar cuando entregue las llaves de Los Pinos, pues ese descontento social, aunado a los riesgos de gobernabilidad, a posibles impactos externos sobre la economía, a divisiones entre las élites que se agravarán por los conflictos poselectorales son un coctel explosivo que podría dinamitar los planes del nuevo gobierno.

EFECTOS SECUNDARIOS

RECTA FINAL. En estado de alerta máxima, la cúpula del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, que encabeza Elba Esther Gordillo, se enfila hacia su Congreso Nacional Extraordinario. Y es que el Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje, en la última toma de nota, obligó a realizar la elección de la nueva dirigencia antes de que concluya octubre. Los rumores recientes sobre la renuncia de Gordillo se ven agravados por el entorno hostil hacia la dirigencia magisterial en el calderonismo. Pero a diferencia de otros momentos delicados, existe un ánimo vengativo dentro del SNTE, de resistencia. Y la certeza de que las próximas semanas podría desatarse una ofensiva que busque desestabilizar a la organización.