México sigue siendo el mismo país de hace algunos meses. Sin embargo, la sucesión presidencial parece haber obrado un milagro en los ojos de sus observadores y, de hecho, en buena parte de la ciudadanía. De repente, una oleada avasalladora de optimismo parece haber inundado a muchos mexicanos y a los mexicanólogos (expertos en México) en el exterior. A esta cargada, se ha sumado la revista The Economist que, en su edición de noviembre, le ha dedicado su reportaje principal al supuesto futuro promisorio de México, sobre el cual tiene prioridad en este diario el aspecto económico.

El reportaje de The Economist está bien hecho. En sus páginas, al parejo con un recuento de los grandes problemas que afligen a México y que todo el mundo conoce -la insuficiente seguridad, la corrupción sobre todo en los gobierno locales, los intereses creados que se oponen a las reformas-, hay cuestiones sorprendentes que cabe analizar. Una de ellas es relativa a la conexión entre comercio exterior, migración y demografía.

México necesitará exportar crecientemente un mayor volumen de bienes y servicios. De no hacerlo, no tendrá más remedio que exportar ciudadanos por la vía de la emigración, principalmente, a Estados Unidos. Las grandes empresas automovilísticas de origen japonés que se han instalado en México ofrecen empleo a una gran cantidad de trabajadores locales.

La aspiración es, por supuesto, que ese ejemplo se multiplique y que la apertura comercial y la cercanía geográfica con Estados Unidos atraigan en forma creciente inversiones con capacidad para exportar y producir para el mercado local. Sin embargo, este nexo que parece tan evidente no es en apariencia suficientemente comprendido por las autoridades estadounidenses. The Economist denuncia en su reportaje esa muy visible miopía. La paranoia por el tema de la seguridad nacional ha llevado a los gringos a casi no poder distinguir entre un turista bien intencionado y un espalda mojada ni entre un container con mercancía legal y un contrabando de droga.

En sus próximos acercamientos con el presidente Obama, Peña Nieto tendrá que informar y convencer a su interlocutor. Dos evidencias estadísticas pueden resultar particularmente convincentes. Una de ellas tiene que ver con la muy importante reducción que ha mostrado en México la tasa de explosión demográfica y el hecho, también comprobable, que los flujos de migración mexicana a Estados Unidos se han reducido. ¿Cómo fortalecer esta última tendencia?

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