Un falso debate recorre el mundo, principalmente en las élites, y es si los caricaturistas del Charlie Hebdo se pasaron de la raya, si hacer humor a partir de creencias ajenas equivale a cucar al león, si debe prohibirse hacer caricaturas religiosas; si hay que revisar los límites de la libertad de expresión, etcétera. Todas éstas son reacciones válidas ante un hecho de terror, pero que nacen del miedo que han sembrado los yihadistas en el mundo y no de una reflexión ética.

Egdar Morin, uno de los grandes pensadores de Francia y el mundo, escribió en Le Monde hace unos días que una de las consecuencias terribles de este tipo de atentados es que engrandece y hace triunfar al pensamiento reduccionista. Lejos de tratar de entender la complejidad que encierra y las contradicciones que se manifiestan en este tipo de crisis, las expresiones del pensamiento tienden al reduccionismo: reducimos el mundo árabe al islam, el islam a los fundamentalista y los fundamentalistas a los yihaditas, etcétera. Pero de igual manera reducimos el debate sobre la libertad de expresión a si se debe o no publicar cosas ofensivas para las creencias, pero curiosamente sólo a las creencias de aquellos que amenazan, a los que tienen capacidad para matar o imponer sus creencias hegemónicamente; del resto nos burlamos, muchas veces aún sin quererlo, o simplemente las ignoramos, que es la peor de las violencias.

No son los límites de la libertad lo que hay que discutir sino las formas de convivencia. Se puede decidir no publicar un material a partir de una reflexión ética que necesariamente considera el contexto en que se hace la publicación. En México, por ejemplo, somos mucho más cuidadosos ahora con los temas indígenas de lo que se era hace 25 años, pero no fue por miedo sino porque aumentó nuestra comprensión del mundo indígena. Por el contrario, los medios nos autocensuramos cada vez más en temas de delincuencia organizada porque los malandros han impuesto la lógica del miedo en gran parte del territorio nacional y el Estado ha sido incapaz de dar seguridad a los ciudadanos.

Las épocas más oscuras del pensamiento de la humanidad han estado vinculadas a épocas de temor y terror, desde la inquisición en la Edad Media hasta el macarthismo estadunidense, el gulag soviético o la revolución cultural china en el siglo XX. El miedo es hoy el gran censor del mundo y el principal enemigo de la libertad. Si como consecuencia de los brutales asesinatos de los periodistas en París no ampliamos las libertades, sino que las reducimos, habrán ganado ellos.

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