Decir que lo que está pasando en Michoacán era un strike cantado, que desde que aparecieron las famosas autodefensas fuimos muchos los que alertamos que ésa era la vía directa a la pérdida de control del territorio, que era una error de la Segob dejar que crecieran las guardias blancas y los grupos paramilitares. Durante el primer año de gobierno de Peña Nieto, la estrategia de combate al crimen organizado fue la ?no-estrategia y hoy, Michoacán supera el peor momento de Calderón.

Cuando el famoso michoacanazo, el diagnóstico del gobierno federal era que no había manera de controlar el territorio si no se desaparecía en la práctica a los poderes en la zona de Tierra Caliente. Detuvieron a todos los alcaldes ahora sí que a justos y pecadores, ?a los que estaban coludidos y a los que estaba amenazados para restaurar el Estado de Derecho. Durante ese año se dieron golpes muy duros y La Familia se debilitó de manera importante, al grado que tuvo que reorganizarse y reaparecer con el nombre de Caballeros Templarios. El gobierno de Calderón no supo ni explicar la estrategia ni mantenerla, y al cabo de un año todos, justos y pecadores, estaba de nuevo en la calle. Pero quizá el error más grave de Felipe Calderón fue permitir que su hermana participara como candidata a Gobernadora en Michoacán, con lo que la estrategia de combate directo bajó de intensidad y la política terminó por darle al traste a la estrategia. Si a estos dos errores de los gobiernos de Calderón y Peña le sumamos la debilidad, física y política, del gobernador Vallejo, tenemos los tres elementos que explican por qué está pasando lo que está pasando: un Estado paralelo donde la seguridad, la justicia, la regulación económica y el cobro de impuestos lo ejercen otros.

El nombramiento del Comisionado Alfredo Castillo es de facto un golpe de Estado al gobernador Fausto Vallejo, es un michoacanazo reloaded, con un elemento extra: una buena parte de la población de Tierra Caliente está convencida de que el PRI pactó con La Tuta y Los Templarios (la entrevista de Javier Solórzano con el sacerdote Gregorio González de Apatzingán es esclarecedora al respecto) y mientras no se den golpes contundentes y se termine con la extorsión y amenazas de Los Templarios, una buena parte de la sociedad verá a las fuerzas federales como enemigos, no como salvadores. Lo que sigue en Michoacán son horas, días, quizá semanas enfrentamientos, violencia y muchas mujeres y hombres inocentes como víctimas. Si en dos o tres meses no hay resultados palpables, ésa será la primera crisis del gobierno de Peña.

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