El pasado domingo 1 de julio, nuestro país vivió sin duda una jornada electoral histórica. Los mexicanos votamos, en una enorme mayoría (más de 50% de los votos, algo que no se había visto en nuestra democracia moderna), por un cambio profundo que busca construir un país más justo para todos. Muchas personas tienen una gran esperanza, otras están decepcionadas y también hay quienes tienen miedo. Es obvio, dada la polarización y las acusaciones de odio que se dieron durante el periodo de campañas electorales.

A mí me queda claro una cosa: todos los que votamos, por cualquiera de los candidatos que se presentaron, somos personas que amamos profundamente a México y queremos lo mejor para nuestro país. Por eso pienso que la responsabilidad de todos, independientemente de colores y partidos políticos, no se acaba con nuestro voto.

Tenemos que seguir participando, como sociedad, en la construcción del país que queremos.

Yo por mi parte soy de los que tienen esperanza. No sólo por el candidato que ganó, sino porque los resultados de la elección representan la voluntad del pueblo en las urnas. Ésa es la base de la democracia, pero no lo es todo. A partir de ella hay que construir y eso sólo se puede lograr con el trabajo de todos, desde nuestras distintas trincheras y ámbitos de influencia. Eso incluye exigir resultados como sociedad. Ejercer crítica, pero no destructiva (recordemos que ya se acabaron las campañas políticas) sino constructiva, informada y responsable.

Viridiana Ríos escribió “la democracia es y debe ser una forma diaria de protesta y propuesta que nos permita monitorear nuestros progresos o retrocesos y crear un ambiente en el que nosotros, los pueblos, reclamemos políticas de desarrollo, programas e intervenciones para que sean nuestros y para nosotros”. Añade que debemos “entender a los que no piensan como nosotros y ponerle la barra alta a los que sí”. No podría estar más de acuerdo con ella.

Lo que puedo decir es que a mí, personalmente, me tranquiliza lo que Andrés Manuel López Obrador ha dicho durante toda la campaña y repitió este domingo en su discurso: se respetarán libertades y derechos de todos (individuales, empresa, asociación), la autonomía del Banco de México, no se aumentarán impuestos en términos reales, ni se endeudará al país. Me parece que él tiene muy claro que uno de los activos más valiosos que hoy tiene México es la estabilidad macroeconómica y que no sólo se debe cuidar, sino construir a partir de ella.

Sin embargo, debo decir, que no coincido con el presidente electo en el diagnóstico del principal problema de nuestro país. Para él, lo ha dejado claro, es la corrupción. Para mí es la falta de Estado de Derecho. La enorme corrupción que vemos todos los días y en los distintos niveles de gobierno es consecuencia precisamente de ello. La impunidad también. Desde luego que se debe combatir de manera frontal y decidida, pero se deben construir mecanismos que permitan garantizar los derechos de las personas y la justicia social sin que esto dependa de la voluntad política del gobernante en turno.

Lo que sí es una realidad es que, en México, a pesar de que hemos logrado construir y mantener durante ya dos décadas una gran estabilidad macroeconómica, hemos tenido un crecimiento económico magro y un ingreso cada vez peor distribuido.

Hoy, 80% de los ciudadanos gana menos, en términos reales, que en el 2008. Peor aún, las condiciones laborales se han hecho más precarias, porque se toleran prácticas ilegales e informales (trabajadores que están dados de alta en el IMSS con un salario mucho menor que el que realmente reciben).

Muchísimos mexicanos no encuentran más opción que aceptar laborar bajo estas condiciones, o bien, irse de plano a la economía informal, donde tienen la posibilidad incluso de ganar más. Un país así no es sostenible. Me queda claro que el modelo económico neoliberal aplicado en México en los últimos 20 años no ha sido capaz de lograr un crecimiento económico significativo, ni mayores niveles de bienestar en la población. A pesar de todas sus promesas.

Ni qué decir del gran problema de inseguridad, que en los últimos tres sexenios no ha hecho más que aumentar a niveles realmente alarmantes. A pesar de que el presupuesto que se destina a seguridad pública ha crecido de manera importante, por lo menos a nivel federal, la estrategia ha sido a todas luces ineficaz.

Me queda muy claro que México requiere abordar todos estos problemas desde una perspectiva distinta, mucho más incluyente. El resultado de la elección abre, por lo menos, esa posibilidad.

Te invito a visitar mi página: http://www.PlaneaTusFinanzas.com, el lugar para hablar y reflexionar sobre finanzas personales. Twitter: @planea_finanzas.

Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com