Lo que busca Peter Diamandis, en la Singularity University y en sus propios proyectos, es que las tecnologías exponenciales beneficien al mayor número de gente posible. Para ello ha diseñado un premio para fondear startups que puedan favorecer “al menos” a mil millones de personas. Uno de esos ejemplos es el Qualcomm Tricoder, un aparato que se puede llevar a cualquier parte del mundo (incluso al desierto del Sahara), para diagnosticar enfermedades en sus etapas tempranas, e incluso obtener información para curarlas.

Otro ejemplo es la empresa Scandau, del belga Walter de Brouwer, quien desarrolló una app para escanear la salud de cada persona, con lo que cada quién puede tener un chek-up instantáneo. La prevención es la clave del futuro. Con métodos preventivos ubicuos y de costo cercano a cero, la gente no morirá de cáncer.

Todo esto es revolucionario, le digo a Diamandis, pero va a enfrentar grandes resistencias, en la medida en que las acciones disruptivas amenacen el estatus quo. “La evolución tecnológica está presente en todos los sectores –me responde–. En la energía, el agua, la educación, la medicina. Algunos países serán más susceptibles a aceptar ciertos cambios en algunos sectores, y otros lo serán en rubros distintos. A la gente ciertamente no le gustan los cambios, pero el mundo está cambiando y el ritmo es imparable”.

Pienso en las decenas de startups en Silicon Valley que prometen que vivamos hasta los 150 años, en perfecta salud, y veo que, en efecto, nada puede detener ese desarrollo. Hay compañías billonarias trabajando para que nuestras células aprendan a regenerarse, de modo que se pueda recuperar la vista y eliminar la artritis, citando sólo esos dos casos. Pienso también en el ejemplo ya citado, de que los órganos podrán cultivarse para reemplazo, en caso de necesidad.

Le pregunto también sobre el futuro del empleo, del que se habló mucho en el Singularity University México Summit de Puerto Vallarta. Uno de los ponentes mostró una imagen de decenas de obreros en una inmensa fábrica, haciendo una actividad monótona y repetitiva, que no implica ninguna creatividad. “Nadie quiere un empleo así –dijo–. Eso que lo hagan las máquinas ahora que las podemos tener como aliadas”. Pero, ¿qué va a pasar con la gente que sea desplazada y que no pueda reubicarse laboralmente, mientras llegamos a un futuro completamente automatizado en que las máquinas realicen todas las actividades mecánicas?

Sí, la gente tendrá que aprender nuevas habilidades, y además la manera de obtener ese aprendizaje será cada vez más sencilla, por las mismas posibilidades de la digitalización, pero le cito a Diamandis el estudio de McKinsey que anuncia que la robótica eliminará de 400 a 800 millones de empleos para 2030. El desempleo cederá en el largo plazo, pero en el corto, crecerá, se afirma. Puede haber malestar social y disturbios, le comento al futurólogo más famoso del mundo.

“Hay que dividir la problemática en dos –responde–. La primera pregunta es: si alguien pierde su trabajo, ¿podrá sobrevivir sin él? Y una de las respuestas es la renta básica universal, para que la gente satisfaga las necesidades primarias. Habrá algún tipo de intervención del estado en los primeros momentos, para paliar los efectos negativos de la automatización”.

Si las máquinas van a hacer el trabajo fabril y repetitivo, con costos bajísimos, la gente podrá dedicar sólo cuatro horas a trabajar, y además en actividades que favorezcan la creatividad. El inmenso impulso de la producción, para mantener el crecimiento económico, vendrá de la automatización.

“La otra cuestión –prosigue– es 'demonetizar' el costo de la vida, es decir, que se harán más y más económicas las necesidades humanas, empezando por la energía, la información, el entretenimiento y hasta los autos (que por cierto serán 10 veces más baratos). Muchas cosas se harán más y más económicas, y eso hará la vida más fácil”.

“El otro asunto es cómo las personas se sentirán útiles y podrán contribuir, y esa es la conversación que necesitamos tener. Quizá en el futuro esa persona que perdió su empleo tendrá robots que trabajen para ella, y cree una nueva empresa”.

“Veremos nuevos modelos de participación en la economía, por ejemplo, los choferes de los coches o camiones se organizarán para ser socios de los dueños de estos vehículos, que ahora serán autónomos, y entre todos comprarán flotillas con servicios tipo Uber. Pero los gobiernos tendrán que intervenir para dar acceso a la población a las nuevas tecnologías, con modelos novedosos de apropiación de las mismas, que pueden ser comunitarios. Los trabajadores ahora serán también emprendedores”.

Inevitablemente, le pregunto sobre lo que está pasando en Estados Unidos, en donde hay una administración a favor de las minas de carbón y que se muestra ignorante ante todos estos temas. “Es una verdadera locura estar hablando de proteger a la industria del carbón a estas alturas”, me interrumpe. ¿Pero crees que esto va a afectar el ritmo de esta revolución tecnológica? En absoluto”.

“Esta revolución está sucediendo en todas partes del mundo, todo el tiempo, y si en algún lugar las autoridades la bloquean, la inversión, los emprendedores y la propiedad intelectual se va a otro lado. Así que no se puede detener”.

No obstante, insisto, pueden venir más políticos populistas con ideas atrasadas, que estén contra la globalización y en favor del proteccionismo. “Piensa en Silicon Valley –me dice–, en donde no hay nada que dependa de las ayudas del gobierno”. Es un gran ejemplo, pienso para mí mismo, que no en todas partes se puede repetir, por los elementos que favorecen un lugar de innovación con esa gran cantidad de inversionistas ángeles dispuestos a invertir miles de millones de dólares en ideas innovadoras.

Cierro con una pregunta acerca de las ideologías que, ante todo esto, aparecen como algo rancio. ¿Será necesario que sigamos pensando en términos de izquierdas y derechas en un mundo así de conectado, en el que haya tantos recursos accesibles para todos, a precios cercanos a cero, que es la promesa de la revolución 4.0? Añado que en un país como México estamos enfangados en esas viejas ideas, y que la polarización social crece cada vez más. “Creo que continuaremos con las ideologías, pero las cosas que realmente son importantes para un padre y una madre, para sus hijos, como educación, alimentación, acceso a la salud, vivienda, agua: todas estas cosas serán más abundantes. Las oportunidades serán más abundantes. Las posibilidades de lograr lo que se desea serán más abundantes, y estaremos llegando a un mundo más integrado. Eso hará también que tengamos un mundo más seguro”.

“Tendremos todavía luchas políticas, guerras, terrorismo, sí, pero conforme vayamos progresando, tendremos un lugar con mucho más abundancia, un mundo en el que podremos satisfacer las necesidades de cada vez más hombres, mujeres y niños, y ese es el mundo por el que estoy trabajando”, finaliza.

La siguiente edición del Singularity University México Summit es en tan sólo unos días. No puedo esperar a ver qué nuevas ideas se presentan. Con seguridad, algunas tendrán el potencial de mejorar la vida de “al menos” mil millones de personas.

José Manuel Valiñas

Analista de temas internacionales

Planetario

José Manuel Valiñas es articulista de política internacional. Dirigió la revista Inversionista y es cofundador de la revista S1ngular.

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