El rasgo supranacional de Europa revela la madurez de una región que cede soberanía por su bien

En México, es incomprensible el modelo de la Unión Europea. Dos planetas distantes por un simple concepto: la soberanía.

En Europa, la defensa de la soberanía detonó dos guerras mundiales durante el siglo pasado. En México, la defensa de la soberanía es sagrada; escudo protector frente a enemigos, siempre extranjeros.

Dos terceras partes de los países miembros de la UE han cedido el activo más tangible de sus respectivas soberanías, la moneda. Lo hacen también en la articulación de leyes en múltiples campos: contra el fraude fiscal, cambio climático o en intercambios universitarios tipo Erasmus.

En México, es imposible pensar en compartir soberanía con países como Honduras, El Salvador, Estados Unidos y Canadá. Nos faltan instituciones comunitarias y supranacionales.

En la UE, a los soberanistas también se les conoce como eurófobos; en México, héroes. En la UE, también se les vincula con conservadores; en México, liberales.

En México, no se entendería que el primer ministro canadiense viajara al zócalo de la ciudad al cierre de campaña presidencial del candidato del partido X. En la UE, pocos se llevan la mano a la bandera al ver a Merkel en París apoyando, en su momento, a Sarkozy. Allá no se les llama injerencistas; en México, sí.

Fue Henry Kissinger quien se burlaba de la eurocracia cuando cuestionaba frente a los medios a qué número tenía que marcar y con quién tendría que hablar para abordar un tema con la Unión Europea.

Son Steve Bannon y Donald Trump quienes desean ver el desmantelamiento de la Unión Europea. Son los eurófobos Viktor Orbán, Matteo Salvini y Nigel Farage, entre otros, quienes desean el avance de los ultranacionalismos en las próximas elecciones europarlamentarias del 26 de mayo. Deseos y predicciones cercanas a la realidad. Varias encuestas estiman entre 20 y 35% de los escaños para las formaciones con esos rasgos.

En los rasgos culturales de la sociedad mexicana del siglo XX, prevaleció el etnocentrismo. México como centro del mundo. El actual gobierno del presidente López Obrador resguarda dichas características sabiendo o no, que está aislando a la nación del mundo.

“Estoy analizando (...) Estoy ocupado de tiempo completo en atender los asuntos nacionales. Considero que (...) lo más importante es mejorar la economía, el bienestar en México, garantizar la paz, la tranquilidad. Creo que en estos momentos la mejor política exterior es la interior”. Lo dijo el presidente mexicano el pasado martes a una reportera que le preguntó si piensa viajar a Japón a final de mes para asistir a la reunión del G20.

La política exterior fortalece a la interior. El G20 no es un foro de futbolistas o de aficionados a la yoga. “Garantizar la paz, la tranquilidad” no ocurre con recetas 100% mexicanas.

No hay mejor espejo cerebral que las redes sociales. La primera reacción en los que defienden el desinterés del presidente por el mundo es: primero México.

America first, diría el vecino Trump.

Como vamos, lo mejor será cerrar las secciones, mejor dicho, las breves internacionales de los periódicos. Y en tele y radio, ni hablar. De relleno y/o tragedias.

FaustoPretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.