La serie Chernobyl de HBO nos recuerda ciertas lecciones que, por nuestro propio bien, no podemos ignorar u olvidar. Cuando el aparato del estado se vuelve tan irracional, tan insensible y tan enemigo de los ciudadanos porque su único objetivo es la supremacía de un líder (o un pequeño grupo de personas incondicionales al líder supremo), que juega a querer ser Dios. Cuando quien ostenta el poder queda cegado completamente por su soberbia, su avaricia, su ambición desmedida y su insaciable hambre de poder y control. Cuando no importa la evidencia científica, ni los argumentos, ni la realidad porque lo único que prevalece es el capricho, la voluntad y la arrogancia de quien manda e impone.

Cuando el despotismo niega toda posibilidad de escuchar y sólo busca imponer y manipular a través de su propaganda oficial. Cuando la vida de los ciudadanos no vale nada porque lo único que le importa al líder supremo es mantener el poder a toda costa; salvar la idea de un estado superior, omnipresente y todopoderoso que, bajo el pretexto del bienestar del pueblo, hunde en la miseria y desesperanza a los ciudadanos.

Para arrebatar toda esperanza a millones de personas durante varias generaciones, los líderes soviéticos se empeñaron en eliminar a Dios y sacarlo de la historia. Convirtieron a sus líderes, desde Lenin y Stalin, en dioses, utilizando la propaganda del estado para manipular a través del miedo y el control, obligando a la obediencia incondicional y a rendir culto a quienes ostentaban el poder absoluto en la cima del partido comunista.

La opinión, los deseos y la voluntad del líder supremo eran sagrados. Cualquiera que se atreviera a cuestionar era considerado provocador, adversario o traidor y merecía el peor castigo. Así se creó el infierno en la Unión Soviética. El dolor de recordar esta realidad no sólo es hacer conciencia sobre el sufrimiento de tantos millones durante varias décadas. Lo peor es que aún hay quienes pretenden actuar de esa manera, buscando, sobre todas las cosas, ser los dioses de sus pueblos.

Hoy, el lenguaje de ciertos “líderes mesiánicos” nos remonta a esa pesadilla. La narrativa exagerada que endiosa a personajes del pasado (como la supuesta resurrección de Juárez), el intento por aparecer como mesías, queriendo aparentar ser líderes redentores, los únicos capaces de salvar a los pueblos partiendo la historia en antes y después de ellos. No hay nada más peligroso que conceder ante este tipo de amenazas y volver a crear monstruos de ese tamaño. La serie Chernobyl nos recuerda que, si no entendemos y aprendemos de los episodios más oscuros de la historia, podemos ser manipulados para que, a beneficio de unos cuantos, las peores tragedias se repitan.

Twitter: @armando_regil

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.