Brasil está enfrentando problemas a pesar de que va a celebrar un Mundial y unos Juegos Olímpicos. México tiene una gran oportunidad de ponerse de moda.

La nación azteca promete ponerse de moda durante los siguientes años. La nación alcanzó una estabilidad importante, sin embargo, se depende del petróleo.

El país latinoamericano de moda, el que se echó encima el compromiso de organizar un Mundial y unos Juegos Olímpicos, empieza a tener problemas de estabilidad financiera, que podrían comprometer su futuro económico.

Por lo pronto, el banco central brasileño tuvo que salir a defender su moneda para evitar que siguiera la devaluación frente al dólar.

Meter las manos para luchar en contra de la especulación y de esa manera tratar de influir en una baja en los altos niveles inflacionarios que empieza a presentar esa economía, que además también tiene un proceso de desaceleración.

Es una medida extrema y hasta arriesgada que el banco central queme sus reservas para iniciar las vencidas en los mercados, porque si le toman la medida, podría desatar una guerra de ajustes cambiarios que acabarán por minar muchas cosas, entre otras, la confianza en la admirada economía brasileña.

El mundo tiene la mirada puesta en este país que además tiene el encargo de organizar dos de los eventos mundiales más llamativos. El Mundial de Futbol y los Juegos Olímpicos.

Ya antes un país latinoamericano se había aventado esa hazaña de gastar tanto en dos eventos consecutivos. Ese país fue México, con los Olímpicos del 68 y la Copa Mundial del 70.

Se puede decir que tan pronto como acabó el Mundial, México cambió su suerte y empezaron a llegar las crisis consecutivas que acabaron con el futuro de millones.

Cuando este país se aventó la puntada de organizar otra Copa del Mundo en 1986, ya fue en territorio de crisis económica severa.

Brasil enfrenta el precio del éxito mal administrado. Tanto ese país como muchos otros del región se han atorado en la falta de cambios estructurales que hagan que sus virtudes se potencien y no se conviertan en lastres para su crecimiento.

El mejor ejemplo es propio y es el petróleo. Una suerte como ésa de tener un recurso natural tan codiciado debería ser la razón para que este país se ubicara como una de las grandes potencias mundiales.

Pero no, se trata de la zona de confort donde se ha recargado el gasto público de manera irresponsable, dilapidando el recurso no renovable y condenando a la mediocridad a toda una sociedad.

Brasil, con todo y sus eventos deportivos, va para abajo, por la falta de continuidad en su racha renovadora. Porque simplemente les falta Lula.

Pero México promete ser la nación de moda, otra vez, durante los años por venir. Si algo falta en los mercados en estos tiempos son lugares donde invertir de manera segura y con tasas de retorno aceptables.

La tierra puede ser barata en Venezuela y las tasas de interés de Grecia pueden ser altas, pero son lugares tan arriesgados para invertir que pocos se atreven.

Pero México ha logrado una estabilidad financiera que se ha probado con las crisis que funciona. El marco institucional ha mejorado sustancialmente con comparación con el México de Mundial de 1986.

Pero esa terrible zona de confort de tener el petróleo para medio vivir es un lastre que inhibe nuevas inversiones.

Pero la promesa está hecha. Este país deberá entrar el próximo año en una etapa de renovación. De cambios importantes.

Dos son los ejes y de hecho las promesas: la reforma energética que dote de capitales frescos a la petrolera para que invierta y se desarrolle. Y la reforma hacendaria que haga más sanas las fuentes de ingresos y más trasparentes y eficientes los gastos.

La posibilidad de que se concreten los cambios está dada por la novedad del gobierno y por el acierto de haber conseguido el cambio constitucional en materia educativa. O sea, sí pueden.

Pero también hay un hartazgo social de los que han visto cómo se desperdicia la vida en conflictos partidistas. No se van a acabar los rijosos, pero seguramente quedarán lo suficientemente aislados, para que causen el menor daño posible.

Si México logra concretar el próximo año ese círculo virtuoso, mejorarán las calificaciones crediticias y el costo del dinero habrá de disminuir en favor de los inversionistas locales que tengan deseos de hacer negocios en casa.

México puede volver a ponerse de moda, como en los 90, sólo que ahora con la experiencia de todo lo malhecho en los años anteriores, podría tener muchos mejores resultados.

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