La economía mexicana muy probablemente concluya el 2013 con un crecimiento muy cercano a 1.3%, cifra muy por debajo del objetivo de 3.5% establecido en los Criterios Generales de Política Económica (CGPE) del 2013. La meta de los CGPE del 2013 se estableció bajo un supuesto de crecimiento para la economía de Estados Unidos de 2.0%, cifra muy cercana al resultado real.

La primera mitad del año se caracterizó por una marcada desaceleración en la que la economía mexicana estuvo al borde de la recesión. El anémico crecimiento del PIB en la primera mitad del año se dio en un contexto donde tanto la demanda externa como la interna se desaceleraron de manera tangible. Aunque la segunda mitad del año tuvo un mejor desempeño, este crecimiento se mantuvo por debajo de las expectativas marcadas a principios de año.

Aunque está claro que la desaceleración de nuestro principal socio comercial en la primera mitad del año fue un factor importante en el pobre desempeño de la actividad económica, en la opinión de este columnista, los factores internos tuvieron un mayor peso en la desaceleración.

A diferencia del comienzo del 2013, cuando había una evidente desaceleración en el crecimiento económico a nivel global, las condiciones al inicio del 2014 parecen ser las más robustas en los últimos cinco años. Por un lado, aunque el contexto global es uno de crecimiento muy moderado, los escenarios más catastróficos están prácticamente descartados. Por otro lado, la economía de Estados Unidos debería crecer cerca de 3%, su tasa más acelerada en la era poscrisis. Finalmente, el gasto y la inversión pública que actuaron como un fuerte freno a la economía en el 2013 deberían de, por lo menos, tener una leve contribución positiva al crecimiento.

La proyección de crecimiento de 3.9% contemplada en el Paquete Económico 2014 es superior a lo que refleja el consenso de expectativas que se ubica en 3.4 por ciento. En la opinión de este columnista, el entorno externo y la reactivación del gasto y la inversión pública deben contribuir a que la economía mexicana crezca cerca de 4.0 por ciento.

Aunque el impacto de las reformas estructurales no sea inmediato, su aprobación ha destacado el atractivo de México como destino de Inversión Extranjera Directa. Las reformas son una señal muy clara de que México dejará de ser el país de bajo crecimiento con fundamentos macroeconómicos muy sólidos para convertirse en una economía emergente más dinámica. México cuenta con factores diferenciadores positivos ante otros países emergentes, siendo el más importante la ausencia de desequilibrios externos y fiscales.

Asimismo, México cuenta con un sistema financiero bien capitalizado y con un nuevo marco regulatorio que le permitirá crecer a tasas más aceleradas manteniendo niveles de apalancamiento muy sanos en el sector privado. Las reformas deben ayudar a México a capitalizar las ventajas competitivas que ha venido desarrollando durante los últimos años.

Sin embargo, México debe seguir dando pasos concretos para quitarle el freno a la productividad que hasta ahora ha sido limitada por factores como la presencia de monopolios públicos y privados que implican costos elevados de servicios básicos como telefonía y energía, un nivel de infraestructura rezagado y un Estado de Derecho dudoso en algunas partes del país.