A diferencia del comienzo del 2012, cuando había un evidente deterioro en las condiciones de crecimiento económico a nivel global, las condiciones ahora parecen ser las menos volátiles de los últimos cinco años.

La economía mexicana muy probablemente concluya el 2012 con un crecimiento muy cercano a 3.9%, cifra por arriba del objetivo de 3.5% establecido en los Criterios Generales de Política Económica (CGPE) del 2012. La meta de los CGPE del 2012 se estableció bajo un supuesto de crecimiento para la economía de Estados Unidos de 2.1%, cifra similar a los estimados más recientes de cierre que se ubican en 2.0 por ciento.

A pesar de que el crecimiento económico en el 2012 fue superior a lo establecido en los CGPE, la cifra estuvo dentro del rango superior de expectativas -de 3.5 a 4.0%- marcado por el consenso de analistas.

A diferencia del comienzo del 2012, cuando había un evidente deterioro en las condiciones de crecimiento económico a nivel global, las condiciones al inicio del 2013 parecen ser las menos volátiles de los últimos cinco años. Aunque el entorno económico global sigue incierto, los riesgos principales a la economía global parecen menos tóxicos que a principios del año pasado.

La desintegración de la eurozona ha dejado de ser el principal riesgo y su lugar ha sido tomado por el escenario de un desenlace desorganizado a las discusiones para pasar de un acuerdo parcial a uno integral sobre el precipicio fiscal y las negociaciones para elevar los límites de endeudamiento federal en Estados Unidos.

No obstante, la proyección de crecimiento de 3.5% contemplada en el Paquete Económico 2013 es inferior al crecimiento del 2012 y prácticamente idéntica a la meta establecida en el 2012.

Esta reducción en el crecimiento esperado se puede explicar en parte por la desaceleración observada en la actividad económica durante la segunda mitad del 2012, que amenaza con extenderse al primer trimestre del 2013, y un entorno internacional aún incierto.

En el escenario base en el que la resolución del tema presupuestal y el límite del endeudamiento en EU se logra sin mayores sobresaltos, la economía mexicana debería crecer por arriba del objetivo de 3.5 por ciento.

México cuenta con fundamentos macroeconómicos muy sólidos, no existen desequilibrios externos ni fiscales, el sistema financiero cuenta con niveles de capitalización muy robustos, el crédito al sector privado sigue creciendo a una tasa saludable y nuestro país continúa siendo un mercado atractivo para la Inversión Extranjera Directa.

Adicionalmente, México debe capitalizar las ventajas competitivas que ha venido desarrollando durante los últimos años. Nuestro país se ha convertido en una central manufacturera de alta competitividad para América del Norte y otras partes del mundo, atrayendo industrias como la aeroespacial, la de equipos y prótesis médicas, software, equipos electrónicos, pantallas de televisión, etcétera.

No obstante, la competitividad mexicana sigue siendo limitada por factores como la presencia de monopolios públicos y privados que implican costos elevados de servicios básicos como telefonía y energía, un nivel de infraestructura rezagado y un Estado de Derecho dudoso en algunas partes del país.

Para que México pueda crecer más en el 2013 y en adelante, los actores políticos deben seguir impulsando la ambiciosa pero necesaria agenda de reformas estructurales que se ha planteado.

Si, durante la segunda mitad del 2013, se aprueba una reforma hacendaria que eleve el nivel de recaudación mediante la eliminación de beneficios fiscales y la ampliación de la base gravable, es muy probable que México reciba un aumento en su calificación de riesgo soberano por parte de las principales calificadores, potencialmente alcanzando el nivel de A- de Standard & Poor’s.

Adicionalmente, la reforma hacendaria es condición necesaria para lograr una reforma en seguridad social que incremente la cobertura del sistema y ofrezca incentivos muy importantes para reducir la economía informal.

Por otro lado, la reforma energética, programada para la segunda mitad de este año, podría sentar las bases para la transformación de la industria del gas en México. Al igual que EU, México está sentado sobre una mina de gas de esquisto (shale gas) que podría representar una fuente muy eficiente de energía donde podría participar el sector privado sin la misma polarización que en el sector petrolero.

En conjunto, se estima que las reformas hacendarias, energética, laboral y de seguridad social podrían aumentar el crecimiento potencial del PIB en México en casi 2.5 puntos porcentuales en el mediano plazo.

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